Heinz Guderian fue, sin duda, uno de los “generales Panzer” más famosos de la segunda guerra mundial, y sus obras nos han legado una importante descripción tanto del desarrollo de estas armas como del modo alemán de emplearlas al principio de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de la fama alcanzada, cada vez son más los historiadores que le quitan parte del relieve que tiene para otorgárselo a otro: Ernst Volckheim, quien bien pudo ser el auténtico descubridor de muchas de las teorías que luego iban a ser popularizadas por el primero. ¿Por qué, entonces, se hizo Guderian tan famoso? Podemos apuntar varios motivos. Guderian siempre fue superior en rango, tuvo ocasión de ganar fama al frente de operaciones de carros y, muy probablemente también, sus obras, como Achtung Panzer! o sus memorias de guerra, se hicieron mucho más famosas.

Heinz Guderian

Y hay buenos motivos para ello, aquí ofrecemos algunos extractos de la primera de estas obras, en el que describe cómo ha de ser un ataque de carros de combate:

“Como ejemplo, daremos a nuestras fuerzas acorazadas la misión de obtener una victoria decisiva, lo que deben conseguir desencadenando un ataque concentrado, por sorpresa, contra una línea de fortificaciones de campaña enemigas, orientándolo hacia un punto seleccionado por nuestro comandante y favorable al empleo de los carros de combate”.

“[…] El atacante debe elegir el método de asalto teniendo en cuenta cuales son, de todos los elementos defensivos del enemigo, los más y los menos peligrosos. Si hay minas frente a sus posiciones, puede causar graves bajas a los carros de combate; por lo que deben ser consideradas un enemigo extremadamente peligroso, y deben ser eliminadas, al menos en parte, antes de que el asalto acorazado pueda penetrar en la zona de combate de la infantería. La misión de identificar y quitar las minas recae –como la apertura de caminos practicables a través de cualquier otro tipo de obstáculo- sobre los ingenieros. Se acercan a los obstáculos a cubierto de la oscuridad o de la niebla y, protegidos por la artillería y las ametralladoras, se ponen a abrir caminos de acceso para los carros de combate. Tal vez incluso tengan protección acorazada propia; algunos países extranjeros han estado teniendo éxito en sus experimentos con carros antiminas o de tendido de puentes”.

“[…] El problema siguiente a tener en cuenta son los cañones contracarro, que estarán desplegados por toda la zona defensiva; los que estén en la zona de combate de la infantería ya estarán en posición de tiro y, más atrás, algunos de ellos estarán listos para desplazarse. En lo que a su capacidad se refiere, hemos asumido que pueden atravesar el blindaje de nuestros carros, con ángulos de impacto lo suficientemente verticales, a distancias de hasta seiscientos metros.

El atacante deberá hacer algo para reducir el fuego de estas piezas, pues no puede permitirse atacar objetivos secundarios mientras esté a tiro de ellas, lo que no le deja más alternativa que destruirlas por completo, o apañárselas para silenciarlas o anularlas por medio de otras armas.

Para destruir los cañones contracarro, nuestros carros de combate deben, o bien tenerlos directamente a tiro mientras ellos están detenidos y a cubierto, o abrumarlos por medio de un ataque en masa. Adicionalmente, estas piezas pueden ser anuladas con artillería o ametralladoras, o cegadas por medio de humo. Este proceso puede extenderse a las piezas que estén más allá del alcance de los carros de combate propios, por ejemplo en bosques o pueblos que no estén siendo atacados directamente, o en terreno inaccesible a los blindados. Sin embargo, si queremos conseguir una penetración exitosa, no podemos pedir menos que la destrucción completa de las defensas en la zona de combate de nuestros carros. El mejor momento para un asalto de este tipo es al alba, o cuando haya algo de niebla, porque los cañones no pueden ser empleados a su máximo alcance, y sus artilleros se encontrarán en desventaja cuando los carros de combate se les echen encima repentinamente. Además, nada más iniciarse el ataque, la alarma habrá llegado hasta las piezas contracarro situadas más a retaguardia, que estarán tratando de desplegarse. Así, las fuerzas atacantes deben penetrar en la zona defensiva con mucha fuerza y a gran velocidad, para atrapar a las unidades contracarro mientras todavía se están desplazando y destruirlas. De otro modo, cuando salga el sol se verán enfrentadas a una nueva línea defensiva, colocada justo por detrás de  la zona de combate avanzada, y atravesarla nos saldrá caro tanto en bajas como en tiempo, sobre todo si los atacantes han avanzado más allá de los cañones propios”.

Continuaremos más adelante con la segunda fase de este ataque, “a la Guderian”.

  1. Jose says:

    Gracias por traernos esta discusion. Solamente pedir si recuerdan a otro teorico al 100%: von Clausewitz, que solo participo en una batalla y la perdio…pero sus libros son una anticipacion de la guerra relampago

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