Y tras haber seguido a von Choltitz por dos de las acciones más interesantes de su carrera, sin duda ha llegado el momento de volver al lugar que le abrió las puertas de la Historia. ¿Arderá París?

El Hotel Meurice, en bajo los arcos de la Calle de Rívoli. La plaza de la Concordia está al fondo.

Aquel 23 de agosto de 1944 era sin duda un preocupadísimo Choltitz quien se hallaba en su despacho del Hotel Meurice, en la céntrica Rue de Rivoli, que bordea el lado norte del Palacio del Louvre y se extiende hasta la Plaza de la Concordia; donde se hallaba su Cuartel General. Acababa de recibir una orden directa de su Führer: “Paris no debe caer en manos del enemigo, salvo siendo un montón de escombros”, rezaba. Pero el general no lo tenía tan claro.

Siempre había sido un nazi fiel, sin embargo, la última vez que lo había visto Hitler parecía otro. Había sido en Rastenburg, en la mañana del 7 de agosto, cuando este le había nombrado Gobernador del “Gross Paris” en sustitución de Von Stulpnägel, que se había visto implicado en el intento de asesinato del mes anterior. Aquel día el dictador le había otorgado poder de vida y muerte, y la orden de volar todos los puentes de la ciudad, sin embargo, a decir del propio Choltitz, parecía haber perdido la razón, su apariencia no tenía nada que ver con lo que decía la propaganda. El nazi convencido había perdido la fe.

¿Era posible cumplir la orden? Sin duda que von Choltitz, como militar experimentado que era, sabía perfectamente que Paris iba a perderse. Sin embargo la ciudad había recibido el estatus de fortaleza, y entre los aproximadamente 20.000 hombres de que disponía el Teniente-Coronel von Aulock en los alrededores y los 5.000 que estaban bajo su mando directo, disponía de una fuerza relativamente numerosa, aunque no de buena calidad, a la que había que sumar piezas de 88mm y carros de combate, entre otras armas pesadas. Si, volar París era posible, y también sofocar e alzamiento de la resistencia local.

Un Char B-1 Bis capturado primero por los alemanes en 1940, y luego por los resistentes de Paris en 1944.

Su voluntad de no destruir los puentes sin duda quedó claramente manifestada, aunque de modo tácito, cuando el 19 de agosto la resistencia de París se alzó contra los invasores. En ese momento la rebelión habría podido ser aplastada pero. ¿A qué precio? Choltitz contemporizó, y el día 20 llegó incluso a firmar un alto el fuego con los alzados.

Los días siguientes se fueron sucediendo los acontecimientos. El 21 de Gaulle empezó a presionar para que se enviaran tropas, o más bien que se enviara “la” tropa, la 2ª División Blindada Francesa, a liberar la ciudad; el 22 los resistentes declararon la huelga general, y el centro empezó a cubrirse de barricadas; el 23 Hitler emitió su nefasta orden de destrucción, que sería desobedecida, y el 24 llegaron al borde de la ciudad los primeros elementos de la división de Leclerc. Mientras, los alemanes habían decidido defenderse fundamentalmente en el exterior de la ciudad; aunque en el interior se darían diversos combates, que la resistencia pagó con 2.500 bajas (1.000 muertos y 1.500 heridos, 130 muertos y 319 heridos para la 2º DB y 3.200 heridos y 12.000 prisioneros para los alemanes; sin olvidar unas 2.600 víctimas civiles no combatientes).

Agosto de 1944, Barricadas en París (parece una especie de tradición)

Los combates más duros se vieron aquel día 24, cuando los franceses trataron de romper el perímetro alemán procedentes del sur y del suroeste (por la Croix de Berny y desde Versalles); aquella misma tarde, elementos de la “nueve”, la compañía de republicanos españoles, y carros de combate del Regimiento Blindado de Fusileros de Marina, se internaron en la ciudad y llegaron al ayuntamiento, donde esperaban los alzados. La ciudad estaba a punto de ser liberada y von Choltitz decidió no reaccionar.

Podría haberse retirado, o haber dirigido una defensa numantina o destruido la ciudad, tal y como se le exigía, sin embargo el Gobernador del “Gross Paris” decidió esperar tranquilamente la llegada de los atacantes a su cuartel general.

Eran las 12:30 cuando, por primera vez desde 1940, la bandera tricolor ondeó sobre la Torre Eiffel; a las 15:00, los hombres de la Agrupación Táctica Billotte, acompañados por miembros de la resistencia, tomaron el Hotel Meurice y lo capturaron. Ofreció su rendición de inmediato, que fue recibida por el Général Leclerc a las 15:30; y firmada instantes después, junto con el Coronel Rol-Tanguy, el jefe de la resistencia en la región parisina, en la Sala de Billar de la Prefectura de Policía.

Solo quedaba algunos puntos de resistencia alemanes, cuya rendición fue firmada por Choltitz, que había decidido colaborar desde hacía tiempo, a las 16:15 en la Estación Montparnasse, donde 15 minutos después llegó el Général de Gaulle para recibir el acta de capitulación.

Von Choltitz en el campo de oficiales de Trent Park. Es el hombre que está de pie a la izquierda.

Es posible que este, su último acto de guerra, le evitara muchos problemas en los campos de prisioneros aliados, donde llegó a reconocer ante sus camaradas oficiales -sinceramente o de cara a la galería, nunca lo sabremos, aunque sin saber que estaba siendo grabado- que habían cometido un error al seguir a los nazis. Fue liberado en 1947. Volvería a París años después, en 1956, un tanto de incognito, para ser reconocido por uno de los barman del hotel en el que había tenido su cuartel general. Murió en 1966.

Viene de Mayo de 1940. Von Choltitz y el Ataque a Rotterdam.

  1. Juan Carlos Gonzalez says:

    El libro que escribio Dietrich Von Choltitz se llama «Soldado entre soldados» y cuenta toda su historia militar y los regimientos que le toco dirigir, pero fundamentalmente deja en claro que el, como muchisimos otros militares alemanes, cumplieron su deber fundamentalmente defendiendo a su pais y no siguiendo a un regimen como el nazi.

    • Carlos Celis Sanchez says:

      …Bueno,habria que relacionarles a estos oficiales alemanes con el caso Ronmel-y ahi si ganarian muchos puntos aquellos_ya que como todos sabemos,el Zorro del desierto si fue un gran patriota aleman-victima del regimen Nazi-al igual que muchos otros oficiales germanos.

  2. Javier Veramendi says:

    Buenos días Juan Carlos.

    Las afirmaciones de Choltitz en su “soldado entre soldados” coinciden con toda una generación de oficiales alemanes que publicaron sus memorias después de la guerra y que han sido calificados, historiográficamente, de modo conjunto, como “memorialistas”.

    Todos ellos: Guderian, Manstein, Mellenthin, Doenitz, Rudel, Choltitz, Speidel, etc… tienen una característica en común: milagrosamente, todos aborrecían a los nazis y fueron pobres víctimas de las circunstancias que se vieron obligadas a cumplir con su deber como oficiales. Esto sería creíble si hubieran dimitido entre 1933 y 1939, o no hubieran vuelto después de ser despedidos, o no hubieran ascendido meteóricamente en sus carreras. Pero lo cierto es que todos vivieron, compartieron, conocieron y medraron con el régimen nazi.

    Dicho esto, occidente fue muy benevolente con ellos, y con sus memorias, por motivos puramente políticos: en plena guerra fría eran los únicos que habían combatido contra los soviéticos, eran el espejo que hacía falta para crear la Bundeswehr, las nuevas fuerzas armadas alemanas, y además había que atraerse a todos los alemanes posibles hacia el bando occidental. Lo más llamativo es que sus descripciones de las tácticas soviéticas fueron tan erróneas como su afirmación de que nada habían tenido que ver con el nacismo. Las segundas les sirvieron para convertirse en faisanes dorados y tener un cómodo retiro; y las primeras contentaron a unos ejércitos occidentales, fundamentalmente el estadounidense y el británico, cuya forma de guerrear principal, la potencia de fuego, era perfecta para derrotar a las supuestas “masas” soviéticas.

    Hoy en día hay muchos autores que critican a los memorialistas, y no solo anglosajones como Robert M. Citino, sino también alemanes, como Karl-Heinz Frieser o Wolfram Wette.

    En resumen, las afirmaciones de no ser nazi que pueda hacer Choltitz en su libro me parecen altísimamente sospechosas. Mucho más fiable me resulta lo que afirmó mientras lo grababan, parece ser que en secreto (no me fío de nadie en estos asuntos), reconociendo su error al seguir a los nazis.

    Dicho esto, opino, en lo que es un interesantísimo debate.

    Un saludo.

  3. dani says:

    ¿En que sentido interpretaron mal las tácticas soviéticas? Porque si que eran los únicos que habían luchado contra ellos.

  4. Juan Carlos Gonzalez says:

    Buenas noches Javier.
    No es mi intención hacer una férrea defensa de Von Choltitz ni de ningún otro militar alemán que haya participado de la Segunda Guerra Mundial, solo comentaba su actuación cuando fue comandante de la guarnición alemana en París. En su libro Von Choltitz comenta exclusivamente su carrera militar y de los regimientos en los que le toco actuar.
    Era un militar de origen prusiano y como casi todos ellos no vieron con buenos ojos la llegada de Hitler al poder, pero, como también casi todos ellos, su código de conducta militar, al que tan afecto eran, le impidió desobedecer las ordenes de sus superiores.
    Sus ascensos militares mas importantes los obtuvo en el campo de batalla. Y si bien fue nombrado en la Guarnición militar de París después del atentado a Hitler en Julio de 1944 (seguramente porque Hitler lo consideraba leal) no deja de ser digno de mención su negativa a destruir París ante la inminente caída de la ciudad como eran sus ordenes(mas allá de que el mito de que Hitler le pregunto si «arde París», es algo que no puede probarse) y que seguramente si no la destruyo fue mas por conveniencia estratégica, y para asegurarse de que no hubiera represalia contra el o sus topas, que por «buenos sentimientos» lo cierto es que actuó profesionalmente ante la situación que se le planteaba.
    Dato aparte es que no hay pruebas de que haya cometido crímenes de guerra o dejado de actuar correctamente cuando actuó en combate o con la población civil cuando estuvo en París.
    Te repito que no es mi intención defenderlo sino solo destacar su actuación, a mi parecer, correcta durante la Liberación de París.
    Te comento también que no he podido encontrar fotografías de el con el brazalete de la cruz gamada que usaban los que eran miembros del partido nacionalsocialista ni documentos de su afiliación al partido (aunque esto no quiere decir que no lo fuera, ya que miles de documentos fueron destruidos por los propios nazis cuando era inminente el final y la derrota)
    Te agradezco que hayas respondido a mi comentario, y me es muy útil el dato sobre los autores alemanes que tienen una voz critica con las memorias de muchos de sus compatriotas que participaron de la guerra.
    A tu disposición para cualquier otro comentario.

  5. Javier Veramendi says:

    Buenos días caballeros.

    Contestando un poco a ambos aunque sobre todo a Dani, que ha hecho la pregunta: los alemanes «mailnterpretaron» el modo soviético de hacer la guerra, entre otras cosas, porque se negaron a reconocerles algún tipo de habilidad, y mucho más a aceptar que habían sido derrotados, por un ejército que, además de ser superior numéricamente, también lo fue táctica, operacional y estratégicamente; sobre todo en los tres últimos años de la guerra.

    Por ejemplo, se mire como se mire, Stalingrado y la invasión del Caúcaso fueron dos errores descomunales de los alemanes, basados en una incorecta apreciación de que los soviéticos estaba acabados, y corriendo el tipo de riesgo que hasta entonces solo habían corrido los «inútiles» ejércitos soviéticos.

    Con respecto a la calidad operacional del Ejército Rojo son interesantes los Trabajos de Jean Lopez en Francia; los volúmenes correspondientes de Das Deutsches Reich und der Zweite Weltkrieg, la historia oficial, en Alemania; y David Glantz o Robert Citino en Estados Unidos.

    Con respecto a lo que comenta Juan Carlos, un placer poder debatir, por cierto; que Choltitz -cuyo valor en combate no niego ni negaré nunca, al igual que su acierto a la hora de preservar la ciudad más hermosa del mundo (jeje)- no fuera miembro del partido, ni llevara la cruz gamada, no lo excluye de haber colaborado activamente, en la medida de sus posibilidades, ni de haber sido fiel a Hitler hasta el final.

    Tal vez la «medida de sus posibilidades» sea un argumento importante, porque al no ser un General de alto rango (salvo al final), no está tan clara su participación en los acontecimientos más luctuosos, o si queremos decirlo de otra manera, la pirámide de mando que tuvo encima fue mucho más pesada que la que tenían otros. No obstante, hoy por hoy hay que clasificarlo junto con todos aquellos cuyas memorias «ignoran» lo que sucedió en Alemania entre 1933 y 1945.

    Para terminar, tal vez la entrada de hoy, sobre Rommel, aporte algo al debate.

    Un saludo.

  6. dani says:

    ¿Y qué alternativa les quedaba a los alemanes en 1942 para intentar ganar la guerra? Asaltos masivos que destruyeran el ejército sovietico al modo del verano de 1941. Obviamente en el momento en el que no se produjeron dichos envolvimientos debieron haber buscado otro plan y no una batalla de desgaste en Stalingrado.
    Sobre los tres últimos años de guerra en el Este, las desafortunadas decisiones de Hitler también tuvieron mucho que ver. Y aunque cuando se estudian esos años parece que fueron una serie ininterrumpida de victorias soviéticas eso es falso porque los alemanes consiguieron también importantes victorias defensivas. Como el primes asalto a Rumanía por ejemplo. No creo que los alemanes hubieran analizado tan mal en realidad a los sovieticos y su modo de operar. Lo que pasa es que simplificando y mal resumiendo; quedó la idea de asaltos frontales que se paraban con poder de fuego.

  7. Javier Veramendi B says:

    Déjame que te dé mi opinión por partes.

    Con respecto a 1942, las bajas sufridas durante el invierno eran muy graves, pero las de los soviéticos eran mucho peores. Tal vez podríamos incluso decir que su punto de partida no era malo. Pero los soviéticos también habían evolucionado. Seguían haciendo asaltos muy costosos: marte había sido un desastre, y la ofensiva contra Voronezh volvió a salirles carísima; sin embargo cuando los alemanes atacaron dentro del marco de la operación “Blau”, consiguieron zafarse con bastante habilidad, y las bolsas dejaron de dar tantísimos prisioneros. Primer punto a su favor. Por otro lado, Stalingrado fue un error garrafal de los alemanes, no solo por empeñarse contra la ciudad en sí, sino que además separaron sus fuerzas de ataque en dos grupos divergentes: uno hacia Stalingrado y otro hacia el Cáucaso, de modo que no pudieron prestarse ningún tipo de apoyo y ambos fracasaron. Esto, antes de entrar a desgastar decenas de divisiones dentro de la ciudad dejando sus flancos en manos de ejércitos que sabían claramente inferiores. Segundo y tercer punto a favor de los soviéticos; que además tuvieron la paciencia de organizar su propio contraataque: Urano, a pesar de lo mucho que estaban siendo presionados en todas partes. Ver Jean Lopez, Stalingrad, la Bataille au Bord du Gouffre, o la trilogía de Glantz sobre el tema.

    Con respecto a los tres últimos años, Citino sostiene rotundísimamente que, en 1943, Alemania ya había perdido la guerra irremediablemente. No hablemos pues de 1944 y 1945. De hecho, sus victorias defensivas de este año tuvieron un precio que Alemania no se podía permitir, ergo no pueden considerarse auténticas victorias. Un ejemplo puede ser la larga campaña de resistencia en Italia entre 1943 y 1945, donde el supuestamente genio defensivo que era Kesselring perdió más de 400.000 hombres contra los más de 300.000 de los aliados. Un fracaso pues en estas condiciones su resistencia solo podía ser a corto, o como mucho a medio, plazo.

    Con respecto a Hitler, cada vez más historiadores desmontan el mito de que sus decisiones fueran culpa exclusiva suya. Sobre esto. ¿De quién fiarnos? ¿De un Manstein que dijo que cuando se canceló Kursk estaba a punto de obtener la victoria? ¿Cómo? ¿Solo con la pinza sur? ¿Ignorando las masivas ofensivas soviéticas que siguieron a ciudadela en Orel, Belgorod y sobre el Mius? Dudoso, si tenemos en cuenta que un mes después de que Hitler frustrara su victoria de Kursk apenas fue capaz de contener los ataques soviéticos con sus victoriosas tropas. Insistiendo en esto, Hitler sería un diletante histérico sin una visión real de lo que pasaba, pero. ¿Qué pasa con quienes le obedecían? Es más, asuntos como los “regalos” que hacía el Führer a sus generales deberían ser fruto de una investigación más exhaustiva. Y tampoco hay que olvidar que Hitler, para entonces, se había rodeado de Model (s) y Schörner (s) dispuestos a resistir cuanto les pidiera; pero porque esa era su forma personal de combatir, y no porque Hitler se lo impusiera.

    Volviendo al poder de fuego, se parece más a lo que los aliados occidentales querían oír que a lo que pensaban realmente los generales alemanes. Muchos memorialistas habían ejecutado, en su momento, una guerra de movimientos, otros la guerra a ultranza en busca de una victoria basada en la pura fuerza de voluntad: ninguno había pensado, durante la guerra, en la potencia de fuego, porque en este campo los superaban tanto al este como al oeste. Sin embargo, curiosamente, a partir de 1945 empiezan a hablar de masas desorganizadas que solo pueden ser batidas con el fuego concentrado del que ellos carecieron. Leamos entre líneas: nada de “lo hicieron mejor que nosotros”, “picamos como pardillos en Stalingrado” o “nos desangraron durante Bagration en junio de 1944 porque apenas teníamos ya fuerzas con las que resistir”. No. Solo “eran masas y masas de hordas descerebradas que nos sumergieron por la pura fuerza de los números porque no teníamos suficientes hombres y armamento para matarlos a todos”.

    Con respecto a las victorias defensivas alemanas de 1944 y 1945, en general fueron parciales, inconcluyentes y costosas. Cuando uno se cae por un precipicio, agarrarse unos minutos a una raíz no es una victoria, es una maniobra dilatoria y el castañazo sigue esperando allá abajo. Eso fue lo que les pasó a los alemanes en 1944 y 1945, con la diferencia que ellos pudieron poner fin a la caída rindiéndose, aunque para ello tuvieran que deshacerse de Hitler, como intentaron hacer algunos en julio del 44, cosa que la mayoría no les dejó hacer basándose en que su juramento personal y su apoliticismo, amén de una serie de rancias tradiciones, eran más importantes que la supervivencia de miles y miles de soldados y de sus familias. Gran excusa.

    Dicho esto, opino, y todo es discutible.

  8. Juan Carlos Gonzalez says:

    Buenas noches Señores.
    Opino como Javier que las «victorias» de las fuerzas alemanas en retroceso en 1944 y 1945 eran como los últimos manotazos de alguien que se esta ahogando ya, sin embargo infligieron importantes perdidas a los soviéticos.
    Por otra parte también el mito de que los rusos no eran mas que «hordas salvajes» fue instalado mas que nada después por los aliados ya en el periodo de la Guerra Fría, pues esta sobradamente probado que el soldado ruso era disciplinado y muy valiente.
    Ademas, y mas allá de que vivían en una dictadura y lo sabían y sufrían a diario, estaban defendiendo su patria.
    Me parece a mi que prueba de lo que digo es que no solo los soldados lucharon ferozmente contra los invasores, sino que la población civil también aporto muchísimo, ya sea participando de la defensa de las ciudades o en las fabricas de armamentos o participando de éxodos para no dejar nada a los alemanes cuando estos estaban todavía avanzando.
    Los Comandantes militares alemanes pudieron poner fin a esto antes es cierto, pero me parece que ya estaban sumergidos en la vorágine de la «Guerra Total» y no supieron como o no tuvieron la fuerza de voluntad suficiente para detenerse.
    Para ellos seguramente el juramento personal y sus tradiciones (para aquellos que tenían realmente tradiciones, no como Jodl o Keitel entre otros, que no eran mas que obsecuentes de Hitler)tenían una enorme importancia y muchos si pensaron en sus soldados y se rindieron, como Von Paulus que a pesar de ser nombrado Mariscal por Hitler prefirió detener la masacre de sus hombres.
    Tal vez hoy en dia, a la distancia, nos es mas fácil ver lo que pudieron haber hechos los militares alemanes para detener todas esas muertes innecesarias de sus soldados, pero en ese momento los sobrepaso las circunstancias.
    Un gusto comentar con ustedes caballeros.
    PD: Javier: Que significa «..- picamos como pardillos en Stalingrado-..», vos sos español seguramente, y yo escribo desde Argentina y, al menos por la región donde yo vivo, nunca escuche antes esa frase.
    Un saludo.

  9. Javier Veramendi says:

    Buenos días Juan Carlos. Discúlpame las expresiones, a veces uno se olvida de lo internacional que es nuestro idioma.

    «Picar» es lo que hace el pez cuando muerde el cebo y se traga el anzuelo. De un modo más general suele ser caer en una trampa, o dejarse engañar.
    «pardillo» es un incauto, alguien que se deja engañar con facilidad.

    Ahora me debes una frase vuestra. Jeje.

    Un saludo.

  10. kurt says:

    Hola a todos :
    1.- 100% de acuerdo con Javier. Ya está bien de la superioridad alemana. Perdieron por sus errores y sobre todo porque subestimaron a los Untermensch que resultaron ser übermensch.
    2.- todos los generales alemanes en sus memorias dicen lo mismo: yo no sabía nada de lo de los judíos y yo perdí por culpa de otros. O yo no cometí crímenes de guerra. No hay mucho «Ehre» en esas memorias.
    3.- Manstein , Rommel , Rundstedt,Guderian, no eran genios militares sino Buenos profesionales con errores de bulto en sus currículos.
    4.- personajes como Model , un Inepto asno asentidor como le definía Guderian o el sicópata carnicero de Schörner que fusila a la mínima a sus oficiales mientras el abandonaba su puesto disfrazado de civil no merecen ser citados como militares.
    5.- Comandantes menos mediáticos como Henrici, Vietinhoff ,Janeck, Von luck o incluso Skorzeny me parecen mucho más interesantes. Sobre todo el primero que siempre combatió en inferioridad.
    5.- los alemanes hubieran perdido aún sin Stalingrado pues Si no derrotas con rendición incluida a un ejército ruso derrotarlos abarcando su territorio se hace imposible para un país como Alemania del 42 y su producción industrial.
    6.- Los rusos evolucionaron porque no les quedaba otra pero sin el apoyo norteamericano difícilmente hubieran podido mantener la presión sobre Alemania.
    6.- Señores no se engañen en la guerra convencional – industrial no existen los napoleones. Existe la capacidad de producción de aviones(otro factor decisivo en la guerra), carros de combate y portaviones (factor decisivo contra Japón). Un buen general gana un batalla pero no una guerra y si no que se lo digan a Herr Erwin Rommel( que por cierto nadie plantea como pasó de ser un oscuro coronel de la escuela de guerra de Postdam a Comandante de la muy potente 7°división acorazada en Francia en menos de dos años?)

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