Más de dos meses iban a pasar entre el final de la segunda batalla del Isonzo y el inicio de la tercera, pero en esta ocasión el general Cadorna iba a rectificar y a cambiar algunos de sus postulados iniciales. Como sus hombres habían demostrado, sobradamente, su voluntad de llevar a buen término sus ofensivas, no podía hacer recaer sobre ellos la responsabilidad del fracaso y en esta ocasión decidió mejorar la artillería de su ejército. Durante las semanas que siguieron al final de la segunda batalla, el alto mando italiano concentró 500 cañones más para reforzar el frente contra el Imperio, la mayoría de ellos pesados y muchos de ellos procedentes de la defensa costera e incluso de los barcos de la flota.

Artillería pesada en Acción.

Artillería pesada en Acción.

Además, Cadorna equipó a sus ejércitos con ametralladoras, morteros de trinchera, granadas de mano y uniformes nuevos que incluyeron por primera vez –por llamativo que pueda resultar– cascos metálicos (igualmente sorprendente es el hecho de que los austro-húngaros aún iban a tardar un año más en emplearlos).

Sin embargo, lo que el generalísimo italiano no modificó fue su estrategia de frente ancho destinado a crear un amplísimo boquete con el que destrozar al enemigo. Para ello, por otro lado, decidió que necesitaba modificar sus posiciones de partida, por lo que ya en septiembre ordenó la conquista del monte Rombón y de la cabeza de puente de Tolmin, sin éxito en ninguno de los casos.

Boroevic, por su parte, siguió reforzando sus defensas y aprovechando las alturas para observar los preparativos italianos, aunque no se limitó a estas acciones sino que, consciente de lo cerca que había estado del desastre en julio, solicitó más cañones y refuerzos. De los primeros recibió al menos doscientos, y de los segundos tres divisiones, dos de ellas formadas por soldados eslovenos y germanoparlantes provenientes de las regiones alpinas del imperio, concentradas en el llamado “Cuerpo de Hierro”.

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La batalla comenzó a las 12.00 horas del 18 de octubre, cuando las 1300 piezas italianas empezaron a machacar el frente austro-húngaro desde la cresta de Mrzli hasta la meseta de Doberdo. Se calcula que, solo en esta última región, los defensores iban a sufrir unas 5000 bajas a causa del bombardeo, que no cesaría hasta las 10.00 del día 21. Es posible que los soldados y oficiales italianos, que habían observado esta devastación durante días desde sus posiciones de partida pensaran que nada podía haber sobrevivido, pero para su desgracia, y a pesar de la elevada cantidad de efectivos perdidos por los austro-húngaros, no fue así.

En el sector del Segundo Ejército, los ataques contra la cresta de Mrzli fueron todos repelidos, algunos por medio de un antiguo truco, enviar rodando cuesta abajo barriles en llamas rellenos con explosivos; y algo parecido sucedió en otros objetivos emblemáticos, como la cota 588 y la cabeza de puente de Tolmin. Más al sur, en el sector de la cota 383, la colina de la muerte, también hubo durísimos combates, pero sin duda la zona más cruenta fue la que protegía los accesos a Gorizia, que era uno de los objetivos fundamentales de la ofensiva de Cadorna. En este sector, el VI Cuerpo de Ejército se desangró una vez más en sus asaltos al monte Sabotino y a las colinas de Oslavia y Podgora.

Situado a la derecha del despliegue italiano, el Tercer Ejército también hizo grandes esfuerzos para obtener la victoria en su misión: tomar el monte San Michele y asegurar la meseta de Doberdo. Contra el primer objetivo, que seguía en manos de la 20.ª División del Honved, los italianos enviaron no menos de 8 regimientos de infantería, que al principio ganaron algo de terreno, pero que fueron enviados de vuelta a sus posiciones gracias a un violento contraataque. Contra el segundo objetivo, fueron cinco las divisiones italianas que se enfrentaron al III Cuerpo de Ejército austro-húngaro, el “Cuerpo de Hierro”, al que causaron bajas elevadas pero a costa de pérdidas propias aún más numerosas, también sin ganar terreno alguno. Furioso por la falta de resultados, Cadorna iba a ordenar que se repitieran los asaltos durante los días 22, 23 y 24, pero los únicos que se apuntaron un éxito fueron los austríacos antes de que, ese mismo día 24, el duque de Aosta ordenara suspender la ofensiva para volver a acumular municiones.

Tolmin, mirando desde el este. La elevación cónica es la colina del castillo, y la cota 588 es la elevación a la izquierda de la foto.

Tolmin, mirando desde el este. La elevación cónica es la colina del castillo, y la cota 588 es la elevación a la izquierda de la foto.

La segunda fase de la batalla se centró en el sector de Gorizia, y para conquistarla el VI Cuerpo de Ejército iba a estrenar un nuevo comandante en jefe, el teniente general Luigi Capello. Los combates empezaron de nuevo el día 28 de octubre. La 4.ª División de infantería, reforzada por la Brigada de granaderos, atacó el monte Sabotino, y las divisiones 11.ª y 12.ª atacaron Podgora y Oslavia; nuevamente sin alcanzar sus objetivos. Segados por las ametralladoras, en algunos casos los soldados italianos no iban ni a llegar a las posiciones contrarias.

Convencido de que los austríacos debían de estar a punto de desmoronarse, Cadorna ordenó la continuación de la ofensiva. Esta vez se ejecutaría un doble ataque, uno contra el monte San Michele desde el sur y otro desde el norte que debía partir de Plava, tomar la colina 383 y descender por la orilla este del río para tomar el monte Santo y llegar hacia Gorizia por septentrión. Esta ofensiva comenzó el día 31, cuando la 32.ª División atacó la colina de la muerte por el norte y el oeste y la 3.ª desde el sur (ambas formaban el II Cuerpo de Ejército); mientras el resto de esta última unidad se lanzaba a por la localidad de Zagorra, esta vez con éxito. En medio de la lluvia y la niebla, los austro-húngaros empezaron a perder terreno, hasta que un batallón vienés de la 18.ª División –comandado por el capitán Emil Fey– se presentó en el campo de batalla y expulsó al enemigo.

Los demás ataques que hemos indicado en el párrafo anterior también fracasaron, finalmente, y el 4 de noviembre los mandos italianos decidieron dar por terminada la ofensiva. Habían perdido, de nuevo según cifras oficiales, 68 000 hombres, contra 42 000 enemigos.

    • Dani says:

      Muchas gracias, me encantan los orbat, antes de internet, cada vez que pillaba uno lo copiaba (normalmente resumiendolo), tengo unos cuantos de la primera guera carlista y de otras de ese siglo

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