Hay veces en que las casualidades o repeticiones en la historia dan que pensar. En este caso encontraremos un nombre común en circunstancias paralelas, con casi 30 años de diferencia.

Almirante Stark, Marina Imperial Rusa

Para el primer caso nos desplazaremos a 1904. Muchos conocen la Guerra Rusojaponesa por la batalla de Tsushima, pero todo empezó con un ataque sorpresa japonés con lanchas torpederas contra la flota rusa del Pacífico en Port Arthur. Quiso la casualidad que este ataque se produjera mientras el almirante al mando de dicha flota celebraba allí la fiesta de cumpleaños de su esposa. Se llamaba Oskar Victorovich Stark.

En el momento del ataque japonés, nuestro almirante Stark estaba de celebración con el virrey ruso en Asia, el también almirante Alekseyev y otros oficiales a bordo de su buque insignia, el «Petropavlovsk». Como se comentó en un informe:

La banda iba tocando, y el principal huesped, el almirante Alekseyev, se deslizaba sobre la pista con la homenajeada del día con gracia sorprendente debido a su obesa figura. Cuando el baile alcanzó su apogeo, y el virrey  se apoyó en su rodilla para rodear a la dama, los paneles de las ventanas empezaron a temblar por los disparos de cañón. Todo el mundo aplaudió por tan oportuno saludo, y la alegría se desbordó. El baile prosiguió con la compañía de la orquestra y el fuego de artillería.

El «Petropavlovks». Una desafortunada pista de baile.

El problema era que no se trataba de fuegos artificiales como se pensó en un principio, si no del fuego de respuesta al ataque de las lanchas torpederas japonesas que, al mejor estilo de la «jeune ecole«, sorprendieron a los rusos inutilizando dos de sus acorazados: el «Retzvian» y el «Tsesarevich».

No hay que decir que dicho ataque le costó el puesto, pese a haber servido durante años en la Marina Imperial Rusa. A sus 58 años se encaminó al mundo de la empresa, volviendo a servir los colores del Imperio Ruso durante la Primera Guerra Mundial, solo para acabar muriendo exiliado en Finlandia en 1928, a los 82 años.

Ahora nos toca desplazarnos al año 1941. Los japoneses deciden que la táctica que tan bien les salió con los rusos pueden funcionarles con la flota americana del Pacífico, amarrada en Pearl Harbour. En vez de atacar con lanchas torpederas, esta vez emplearan el arma aeronaval con sus pilotos excelentemente entrenados. Y esta vez nos encontramos con otro almirante Stark. Quizá no donde caían las bombas, pero sí en los despachos de la US Navy.

Almirante Stark, USN

El almirante Harold Rainford Stark ejercía entonces de Jefe de Operaciones Navales que, si bien era un mando más administrativo que operativo, también le puso en el ojo del huracán tras la derrota de Pearl Harbour. Se le acusó, tanto a él como al almirante Richmond K. Turner, de no haber dado suficiente información sobre los planes japoneses al almirante al mando de la base atacada Husband E. Kimmel. En marzo de 1942 fue sustituido por Ernest King, y enviado a Londres para tomar el mando de las fuerzas navales americanas en Europa.

Pero tras los desembarcos de Normandía, tuvo que afrontar responsabilidades por lo sucedido en Pearl Harbour, retirándose en abril de 1946. Detrás suyo quedó una polémica por su papel en los hechos.

Y así vemos un apellido que, sea por la casualidad, sea por la inmigración alemana (Stark significa «fuerte» en alemán), se vé manchado por dos ataques japoneses por sorpresa. Un apellido muy mediático, con traiciones y luchas tras su vertiente más famosa y comercial.

El invierno se acerca…

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