No hace mucho uno de los habituales del blog nos hizo una consulta sobre los <<juegos de guerra>> y como se hacían, y dado que el asunto es muy interesante, trataremos de irlo exponiendo en esta y otras entradas. Dicho esto, no queremos desaprovechar la oportunidad de animaros a que nos hagais cuantas consultas os parezcan interesantes, pues siempre será un placer contestarlas.

Y dicho esto, vamos al lío.

Parece que el primer inventor del <<juego de guerra>> como instrumento para la preparación de la batalla pudo haber sido un viejo conocido de los aficionados a la historia militar: Sun Tzu, quien habría simulada batallas utilizando piedras pintadas sobre un tablero parecido al del Go, con el objetivo de rodear al contrario. En esa misma época aparece en la India un precursor del ajedrez, el Chaturanga, donde se enfrentaban cuatro bandos equipados con cuatro infantes, un rey, un jinete, un elefante, y un carro, que se desplazaban en virtud de las tiradas de un dado. La eliminación del azar y la reducción de los jugadores a dos lo convertiría en el juego de reyes de los persas, antes de convertirse, con el tiempo, en el ajedrez que conocemos hoy.

El paso siguiente fue la aparición de figuras para representar las unidades, y de diversos tipos de <<terrenos>> de juego que simularan la orografía real de una batalla. Las más antiguas podrían ser mesopotámicas, del año 1.000 a.C. Sin embargo tenemos que esperar hasta el S. XVII para empezar a hablar de un uso habitual de dichas figuras, pues en esta época son utilizadas por casi todas las cortes europeas para facilitar la educación militar de los jóvenes príncipes (sin duda era mucho menos oneroso que provocar una guerra, y relativamente más seguro que mandar al príncipe a combatir en ellas). Habrá diversos estilos de ellas, pero los principales fabricantes serán los alemanes, con las figurillas llamadas <<de Nuremberg>>, apareciendo más adelante las de <<Ronde-Bosse>> francesas y los <<Britains>> ingleses. Parece ser que Federico el Grande solía animar a sus oficiales a practicar la instrucción con figurillas, lo que era mucho más práctico que hacer sudar a los soldados, y a partir de las guerras napoleónicas la afición se extendió a la sociedad civil. Los jugadores solían reunirse y pactar las reglas antes de empezar, con lo cual estas podían variar de una partida a otra. El primero en fijar un juego de reglas permanente fue Robert Louis Stevenson, quien las estableció, para sus allegados, en 1881. Serían publicadas en 1898.

Del juego para militares, propiamente dicho, en Europa, tenemos noticia desde la aparición del Koenigspiel, creado por Christopher Weickmann, en Ulm, en 1664; se trataba de un juego basado en el ajedrez, pero con mayor cantidad y diversidad de piezas. El paso evolutivo siguiente fue la aparición de los efectivos, del terreno y del arbitraje. Estos tres elementos fueron plasmados por el Maestro de los Pajes del duque de Brunswick en 1780, en un inmenso tablero de 1.666 casillas pintadas de diversos colores para simular el terreno y sobre el que evolucionaban 120 piezas por bando que representaban los ejércitos y doscientas piezas más para simular fortificaciones.

Una caja de Britains.

El hito siguiente fue la aparición de las reglas de Georg Venturini en 1797: 3.600 casillas, 1.800 brigadas de infantería y caballería, 800 baterías, logística, depósitos… sin embargo no son estas cifras lo más importante de la innovación de Venturini. Lo más importante fue que el tablero representaba un terreno real, y las fichas unidades que si existían; se había pasado de lo abstracto a lo concreto. La aparición de una cartografía más fiable permitió la aparición de nuevas opciones: cajas de arena, maquetas que representaban los accidentes geográficos, piezas de escayola pintadas cuyo tamaño era proporcional al de las unidades reales, etc. Gran parte de estas innovaciones acabaron siendo exhibidas, a finales del S. XVIII, ante un jovencísimo Guillermo, el futuro Kaiser Guillermo I, quien se entusiasmó hasta tal punto que decidió promocionar el juego ante su padre y sus consejeros militares. El resultado fue la publicación, en 1824, de las <<Instrucciones para la representación de maniobras tácticas bajo la apariencia de un juego de guerra>>. Sin embargo no todos los altos jefes militares gustaron de la idea, les desagradaba ver a oficiales de menor rango <<manejar>> grandes unidades, y von Reisswitz (hijo), uno de los creadores del <<juego>>, junto con su padre, fue desplazado a la fortaleza de Torgau, donde acabaría suicidándose en 1827. El Kriegspiel perduró, sin embargo, en gran medida gracias a que uno de los que se aficionaron a él, en 1828, fue el joven teniente Helmuth von Moltke, quien se acabaría convirtiendo en uno de los mejores pensadores militares de su época.

Moltke el viejo

El S. XIX vio la llega a la madurez de aquella técnica de preparación militar. Las batallas empezaron a escenificarse gracias a complejos cálculos que tenían en cuenta factores como la potencia de fuego (comprobada en maniobras reales), el tipo de armamento, el entrenamiento o la meteorología. Esta profusión de cálculos lastró un tanto la actividad, pero acabó resolviéndose con la aparición habitual de los árbitros, oficiales superiores que se encargaban de <<decidir>> que sucedía en función de las órdenes y explicaciones de los participantes.

Baste decir, antes de pasar al S. XX, que estas técnicas fueron empleadas para preparar la guerra Austro-Prusiana de 1866 y la Franco-Prusiana de 1870-71, con magnífico resultado para los alemanes.

Sigue en Del Kriegspiel al Wargame, algunas notas sobre la historia de los “juegos de guerra” (2)

  1. dani says:

    En tiempos de los Austrias menores, hubo una compra de figuritas de estas para la educación de un príncipe. El maestro orfebre que las realizó tardó algo así como 20 años en cobrar. Vamos, poco más o menos como hoy en día jajjajaja

  2. Carlos López says:

    Muy interesante Javier.

    No me figuraba que esto de los juegos de guerra venía de tan antiguo.
    Espero impaciente un futuro artículo en el que se concrete un poco el funcionamiento real de esos «juegos de querra» en la época moderna, en la que las nuevas unidades motorizadas dan otra dimensión al escenario, físicamente hablando y en lo tocante a la logística. Es decir, cómo se establecían los movimientos, cómo se decidía quién ganaba y quién perdía en un enfrentamiento sobre el tablero, cuán cercanos estaban a la realidad en cuanto a capacidad y tiempo de movimientos de tropas, etc.

    Por cierto que el tema de la logística, daría para muchos artículos… Ahí tiro el guante para el que lo quiera recoger. 😉

    Un saludo a todos.

  3. Ale says:

    O por ejemplo los Navales. De cuando llegó Larry Bond con su Harpoon y revolucionó todo el asunto de la guerra naval moderna.

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