El arma de caballería del Ejército de Flandes estaba formada por dos cuerpos principales, los hombres de armas,y una caballería más ligera que en función de su blindaje y armamento podía dividirse en lanzas, caballos coraza y arcabuceros a caballo.

Pesadamente acorazados, los Hombres de Armas se nutrían  principalmente de miembros de la nobleza local, normalmente voluntarios y que mantenían sus compañías de su propio bolsillo. La caballería ligera había sido traída por el Duque de Alba cuando llegó a Flandes con los Tercios. Esta era una caballería estaba formada por oficiales profesionales entrenados, mantenidos y administrados por el gobierno del Rey, siendo sus capitanes nombrados con su aquiescencia.

A cargo de la caballería pesada (prácticamente medieval) se hallaba el General de los Hombres de Armas, perteneciente generalmente a la alta nobleza de Flandes. Era miembro de pleno derecho de los consejos del alto mando y estaba un escalón por debajo de los Capitanes Generales de la Infantería, Caballería y Artillería. Aunque a los Hombres de Armas rara vez se le daba un puesto prominente en el combate, facilitaba la instrucción militar necesaria para la aristocracia de aquellas tierras, donde se forjaron varios Capitanes Generales de la Caballería, como Claude Lamoral, príncipe de Ligne.

En cualquier caso, el contingente principal de caballería del ejército descansaba en la caballería más ligera: las compañías de lanzas, los caballos coraza y los arcabuceros a caballo, las tropas profesionales del Rey.

El Capitán General de la Caballería era el oficial de más alta graduación del arma. Sus cometidos más importantes eran los de organizar los grupos encargados de procurar el forrajeo, de la compra de caballos y del entrenamiento de las unidades. La caballería era el cuerpo más móvil del ejército y debía estar siempre preparada para actuar de inmediato. No eran estas tareas sencillas, aunque pudiera parecerlo. Los caballos eran bienes escasos y de caracter estratégico. Solían morir en gran número durante las campañas o en los acuartelamientos de invierno, e incluso podían ser vendidos por sus jinetes para obtener el dinero de las soldadas devengadas y no pagadas.

El modo de combatir de la caballería consistía en una serie de maniobras que se ejecutaban con mucha mayor rapidez que las de las unidades de infantería, lo que le dejaba al capitán general menos tiempo para deliberar y elegir la formación adecuada de combate en cada momento, asunto que no le dejaba mucho margen para el error. Para empeorar las cosas, los oficiales y soldados de caballería de muchas unidades eran menos fiables que los infantes: se trataba a menudo de mercenarios extranjeros que no profesaban una lealtad verdadera al Rey de España (alemanes y croatas principalmente) o de nobles con poca experiencia militar conocidos por su tendencia a abandonar el campo de batalla cuando las cosas se ponían feas.

Un buen Capitán General de la Caballería debía inspirar a sus subordinados no solo con el miedo, también con la obediencia y el respeto. Muchos lo hicieron valiéndose de los privilegios de los soldados de caballería en la jerarquía del ejército, mientras que otros fueron más propensos a prodigarse con sus capitanes a costa del dinero recaudado en las zonas puestas en contribución, tanto amigas como enemigas.

El Capitán General de la Caballería tenía también bajo sus órdenes al Barrachel y a sus oficiales del cuerpo de justicia, así como a su Furriel Mayor (encargado del acuartelamiento de las tropas) y a su Capitán de Campaña, cuyas funciones eran idénticas a las de los capitanes de infantería. Al igual que en la infantería y la artillería, la caballería tenía un estado mayor formado por entretenidos, secretarios y tenientes generales de la caballería, que se encargaban de la planificiación y las comunicaciones entre las unidades y con el resto del ejército.

El Comisario General de la Caballería fue un grado creado en 1560 en Italia en el ejército del duque de Alba, antes de que éste llegara a Flandes. Se reservaba, al menos en teoría, al capitán de caballería más antiguo. El Comisario General estaba al frente de su propia compañía, era el segundo al mando del arma y servía de enlace entre el Capitán General de la caballería y los demás capitanes, especialmente cuando lideraba destacamentos de caballería en incursiones en territorio enemigo.

Su asistente fue a partir de 1621 el Ayudante de Comisario General de la Caballería, grado que sería abolido en la década de 1650, unos años después de la creación del grado de Sargento General de Batalla de Caballería. Éste apareció por primera vez en el Ejército de Alsacia a principios de la década de 1640 y fue introducido en el Ejército de Flandes en 1648 tras el desastroso desempeño de la caballería española en dicha década, para sustituir el grado de Comisario General, que se había probado inefectivo para gobernar las tropas.

Diseñado a la usanza de rangos similares en los ejércitos imperial y francés, debía coordinar las operaciones de las compañías de caballería en combate y organizarlas en batallones compactos y efectivos para prevenir el pánico y las desbandadas que habían sentenciado al ejército español en las batallas de Rocroi (1643) y Lens (1648). Su plana mayor estaba formada por dos asistentes.

Durante la mayor parte de su existencia, la caballería del Ejército de Flandes se organizó en compañías. A lo largo de la década de 1630 el ejército comenzó a utilizar Regimientos de Caballería alemana, pero las compañías continuaron siendo la unidad básica en las otras Naciones hasta 1648. Tras la severa derrota de Lens, el Consejo de Estado integró a las compañías montadas de todas las Naciones en Tercios y Regimientos, poniéndolos respectivamente a las órdenes de un Coronel de Caballería y de un Maestre de Campo de Caballería, y ambos puestos a las órdenes de un Sargento General de Batalla de Caballería. Las tareas de estos nuevos oficiales eran idénticas a las de sus contrapartes de la infantería.

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  1. Guillermo says:

    Magnifica primera lámina , pero la bandera no es de los tercios , es alemana , la cruz de Borgoña no era exclusiva de los tercios .

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