Al no disponer de fragatas, Nelson no podía ampliar su exploración, alcanzando sus navíos a los de Bonaparte durante las horas de oscuridad (los oficiales franceses de hecho escucharon los cañones de señales ingleses durante una de las noches).

Línea francesa. La flota inglesa se acerca por la derecha.

El almirante inglés echó un vistazo a Alejandría y encontró el puerto vacío, dándose la vuelta para Sicilia. Apenas se podía creer que se hubiera equivodcado. Y en efecto, tan pronto como aparejos y juanetes hubieron desaparecido en el horizonte, los franceses, navegando hacia la costa comenzaron los preparativos para desembarcar. Nelson escribiría posteriormente: «los hijos del diablo tienen la suerte del diablo». La segunda vez fue diferente. Los transportes de Napoleón estaban amarrados en Alejandría, pero su flota, al mando de Brueys, trece navíos de línea incluyendo al gigantesco L’Orient, estaban anclados en la bahía de Abukir, cerca de la boca Rosetta del Nilo.

Fue durante la tarde del 1 de agosto cuando los vigías ingleses divisaron a los franceses. Desde ese momento todos los oficiales y hombres del escuadrón supieron lo que iba a hacer Nelson. Atacaría ese mismo día. La frustración de las últimas semanas había tenido su reconpensa. En ese tiempo había tenido ocasión de entrenar a sus oficiales y convertirlos en un equipo altamente eficiente. En palabras del capitán Edward Berry:

«Durante toda la singladura cuando el tiempo y las circunstancias lo permitían, subía a sus capitanes a bordo del Vanguard, donde les explicaba con todo detalle sus iedas de los diferentes modos de ataque, y de los planes que tenía pensados una vez cayeran sobre el enemigo, cualquiera que fuera su posición en la que se le encontrara de día o de noche. No había posición que no hubiera tenido en cuenta«.

Almirante Brueys

Berry sigue describiendo que la confianza y el entendimiento mutuo hizo casi innecesarias las señales. Nelson confiaba en sus oficiales subordinados. Ellos conocían sus pensamientos más recónditos. También sabían que cuando los llamaba ‘Band of Brothers‘ estaba utilizando una frase de su obra de teatro favorita, el Enrique V de Shakespeare, y que el día de la batalla esperaba que se comportaran como los héroes de Agincourt.

Nelson podía estar resuelto a atacar, pero ¿qué era de Brueys? Había tenido tiempo de convertir su posición en inexpugnable, ¿pero lo había aprovechado?. Estaba anclado en una bahía arenosa, protegida por bancos de arena. Un flanco descansaba sobre tierra firme, el otro sobre una pequeña isla, Abukir, en la que los franceses habían emplazado una batería de artillería. Las fragatas y las embarcaciones más pequeñas estaban entre los navíos de línea y la costa. De haber sido un hombre seguro de sí mismo, Brueys hubiera sonreido solo con pensar la recepción que podría brindarle a  Nelson si éste era lo suficientemente necio como para intentar entrar.

Brueys tenía grupos en tierra haciendo la aguada. Aunque transcurrieron dos horas antes de que quedara completamente convencido de que Nelson se disponía a atacar en algún momento de esa misma tarde, acabó llamando a estos grupos a bordo y se preparó para el combate. Nelson tenía el viento a su favor y el tiempo necesario, antes de que anocheciera, para completar la que sería una de sus obras maestras de la táctica.

El núcleo de su plan era tan simple que fue capaz de explicárselo a Lord Howe empleando treinta palabras: «Atacando la vanguardia y el centro enemigos, con el viento soplando a lo largo de su línea, tuve la ocasión de disparar todo lo que quise sobre unos pocos barcos«. En la acción Nelson consiguió lo que todo almirante ha deseado desde el principio de los tiempos. Además le favorecieron los errores del enemigo.

Nelson iba a entrar en la bahía bajo el fuego concentrado de la mayor parte de la flota de Brueys, que hacía una ligera curvatura, con la vanguardia apuntando hacia el oeste. Debido a la posición del enemigo en relación con la isla de Abukir, el ataque tuvo que realizarse de noreste a suroeste, y si Brueys hubera emplazado un buen contingente de artillería en tierra para proteger su flanco  en vez de unas pocas piezas ligeras, los británicos hubieran sufrido muhcísimo.

Pero no sucedió así, y los ingleses iniciaron su avance sin encontrarse una oposición seria. Cuando empezaron a divisarse las popas de los navíos franceses, Foley, el capitán del navío inglés de cabeza se percató para su sorpresa y alegría que Brueys había sido lo suficientemente descuidado como para dejar sitio por donde rodear la vanguardia de la línea francesa, lo que le permitía buscar el interior de la formación,  donde los cañones enemigos no parecían estar preparados.

Otros capitanes se dieron cuenta más tarde que los franceses no estaban anclados lo suficientemente cerca unos de otros, y que había lugares por donde un hombre habilidoso podía penetrar la línea, barriendo de través las cubiertas del enemigo. Samuel Hood, un pariente del famoso almirante, siguió a Foley. El Audacious disparó contra el Conquerant. El Theseus lo siguió, y luego Sir James Saumarez en el Orion.

La aparentemente inexpugnable posición de Brueys empezaba a resquebrajarse ante las audaces maniobras de los navíos de línea británicos. El próximo día veremos como se desarrollaron el resto de combates.

Viene de Batallas Navales – 1798 La Batalla del Nilo (I)

 

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