La masacre de la misión de San Sabá, perpetrada en el año 1758 en el territorio de Texas por los indios comanches, tuvo como consecuencia la expedición de castigo llevada a cabo por las tropas presidiales conocida como la Campaña del Río Rojo.

En el año 1757, a raíz de la presión que estaban ejerciendo los indios comanches sobre la frontera norte del territorio de Texas y de las peticiones hechas a los españoles por los indios apaches que poblaban esas tierras de estar dispuestos a cristianizarse en una misión, se crean el presidio de San Luis de las Amarillas y la misión de Santa Cruz de San Sabá.

Los apaches habían sido tradicionalmente una nación muy hostil a los españoles, pero la terrible presión a la que los sometían los comanches los obligó a solicitar estos asentamientos, para interponer a los españoles y procurar así su defensa. Las autoridades virreinales no creyeron en absoluto las pretendidas intenciones de los indios de cristianizarse, pero la presión ejercida por los misioneros no les dejó otra alternativa que aprobar el asentamiento.

Pintura de la masacre de San Sabá. A ambos lados los mártires Terreros y Santiesteban

El coronel Diego Ortiz Parrilla fue nombrado comandante del renombrado presisdio de San Sabá, asentado a orillas del río San Sabá y al que se destinarían 50 hombres procedentes de otros presidios. Asimismo se buscarían voluntarios en San Antonio y en Méjico para completar la guarnición, que debía ascender a un centenar de soldados. Entre soldados, misioneros y colonos, habría en la misión unos 300 hombres.

La iglesia y demás instalaciones de la misión se construyeron a una legua de distancia del presidio, por creer los misioneros que eso tranquilizaría a los indios apaches. También eran conscientes de que si surgía algún problema, no habría tiempo material de avisar a la guarnición del presidio.

Restos del presidio de San Luis de las Amarillas

Al comienzo del verano, unos 3.000 apaches partieron para sus territorios de caza de las praderas del norte y para luchar contra los comanches. Algunos religiosos acabaron por convencerse de la imposibilidad de cristianizar a aquellas gentes y decidieron volverse a Méjico. A finales del otoño vuelven las partidas de apaches acosados por sus feroces enemigos los comanches. El 25 de febrero de 1758, una partida de comanches hizo una incursión y robó cincuenta y nueve caballos en terirtorio español.

El coronel Ortiz envió una patrulla de reconocimiento que volvió al poco tiempo informando de que las praderas hervían de comanches, por lo que se despacharon mensajeros a la misión para comunicar a los misioneros que se dirigieran al presidio para su protección, cuestión que éstos rechazan.

La antigua bandera española todavía ondea en San Luis de las Amarillas (posteriormente denominado presidio de San Sabá)

El 16 de marzo hacen acto de presencia unos 2.000 comanches y miembros de otras tribus aliadas, entre los que, sorprendentemente, se encuentran apaches lipanes. Todos llevan pinturas de guerra y su comportamiento no es amistoso. Sin embargo, la presencia de estos apaches hace presumir a los religiosos españoles que no hay malas intenciones por parte india. Tras un primer contacto, les abren las puertas de la misión y les ofrecen tabaco y otros regalos habituales.

Tras agotarse las baratijas y pedir caballos, los misioneros mandan a varios indios con una nota al presidio para que les den lo que piden, pero vuelven al cabo del tiempo diciendo que les han disparado. Entonces, cuando el padre Terreros se iba a ofrecer para acompañarlos, se desata la masacre. Terreros y un soldado de cuera son muertos allí mismo, y los habitantes, religiosos y demás soldados, se refugian en el interior de las casas.

Mientras los comanches incendiaban la misión, el coronel Ortiz dispone algunas tropas de su comapñía para realizar un ataque diversivo que permitiera evacuar la misión. La maniobra no tiene éxito y solo dos apaches logran salvarse del infierno. Tras asolar la misión, los comanches se dirigieron al presidio, pero huyeron el 18 de marzo al divisar una columna de aprovisionamiento que confundieron con la llegada de refuerzos.

Diecisiete indios y ocho españoles habían muerto, y otros ocho españoles estaban heridos graves. El cuerpo carbonizado del padre Santiesteban fue encontrado decapitado dentro de la iglesia. Solo un misionero logró sobrevivir, gravemente herido, a la razzia. A pesar de las compañías de dragones de cuera, de la superioridad táctica y de las armas de fuego (algunas ya traían los comanches, probablemetne suministradas por los franceses que ya estaban en el Mississippi) no lograron detener la incursión.

Dragones de cuera en el presidio de San Ignacio de Tubac (Arizona)

El mando español consideró que no se podía dejar si respuesta semejante atrevimiento, así que en el verano del año siguiente organizó una expedición punitiva contra los comanches que sería conocida como la Campaña del Río Rojo, que veremos el próximo día.

Sigue en La Masacre de San Sabá y la Campaña del Río Rojo (II) – Dragones de Cuera en el Río Rojo

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  1. jorge says:

    Perdon, hablan de masacre de los indios, hablemos con coherencia los indios se defendieron porque estaban invadiendo su territorio, mejor dicho los blancos hicieron las masacres. Si no aceptamos los errores del pasado, lo podemos volver a repetir

  2. Hugo A Cañete says:

    Pues yo creo que se equivoca. Desde un punto de vista general, las masacres las comenten los hombres «a secas». Ejemplos de ellas los hay en todas las razas y en todos los tiempos.

    Pero si nos ceñimos a la entrada de hoy, precisamente se trata de una masacre perpetrada por indios contra indios. Son los comanches los que asesinan sin piedad a los apaches. De hecho, si se atiende a la entrada, la misión se constituye porque los indios apaches solicitan la protección española, ante el acoso permanente al que venían siendo sometidos por los comanches.

  3. mikwn says:

    Grandes historias que bien merecen una buena pelicula o series que estan ahora tan de moda. A ver si el cine español se espabila e invierte en estas historias patrias en lugar de tanta comedia barata

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