Con el propósito de entender las tácticas empleadas en las guerras napoleónicas, es necesario comprender los modos de hacer la guerra que les precedieron y la interacción de las distintas armas de combate, a saber, infantería, caballería y artillería.

Infantería prusiana. Periodo de la guerra en línea

Para ello nos remontaremos mucho en la historia, quizá hasta el siglo XV, cuando reaparece la pica, descendiente de la sarisa macedónica. La pica nace para hacer frente a la caballería pesada, que imperó durante la Edad Media rompiendo sistemáticamente cualquier formación de milicia de infantería. La aparición de los disciplinados cuadros de picas suizos supuso el primer contratiempo para los gendarmes.

Otro paso adelante fue la introducción de las armas de fuego en el campo de batalla. Los cuadros españoles de espingarderos y arcabuceros desplegaron una potencia de fuego jamás vista hasta entonces en el campo de batalla. El poco peso, la facilidad de uso, y la versatilidad supusieron el fin del paradigma medieval.

La fusión de los cuadros de arcabuceros y los de picas llevadas a cabo por el ejército español dio como resultado el tercio, la primera formación de armas combinadas moderna, donde el poder ofensivo de las armas de fuego, arcabuces y mosquetes, encontraba protección táctica en el cuadro de picas, “señoreando” el campo de batalla. Con las sucesivas reformas militares del sistema español del tercio, causadas principalmente por las mejoras introducidas en las armas de fuego, se fue primando la creación de cuadros menos profundos y más alargados para maximizar la potencia de fuego, al considerar que una excesiva profundidad era un despilfarro de recursos que “no llegaban a luchar”.

A eso había que añadir las mejoras introducidas en las piezas de artillería , que ya en el siglo XVII distaban mucho de ser aquellos tiernos “espantabellacos” chanza de la soldadesca española. El poder de las bocas de fuego era ahora una amenaza devastadora para los densos cuadros de gente, que les presentaban blancos inmensos. A la larga, esto provocaría el abandono definitivo del denso escuadrón español, y las nuevas formaciones más delgadas y anchas fueron abandonando paulatinamente el empleo de las picas con el objeto de maximizar la potencia de fuego, algo que se consagra con la aparición de la bayoneta.

Las primeras bayonetas tapaban el cañón del mosquete y esto suponía un serio contratiempo en el mantenimiento de las cadencias de fuego de las formaciones, algo que se corrige con la aparición de la bayoneta que se acoplaba a la boca del mosquete por el exterior, que permite utilizarlo indistintamente como arma de fuego y como media pica.

Con la desaparición de las formaciones de picas y la aparición de la guerra en línea se hace necesario solucionar tres problemas: cuál debe ser la densidad de la nueva formación para poder repeler un ataque de caballería; cuál debe ser la concentración máxima de infantería que puede disparar al mismo tiempo de modo seguro y sin quedar expuesta; y cuál debe ser el método de disparo de los nuevos cuadros de infantería.

Las formaciones evolucionaron de las contramarchas de seis filas a tres filas de soldados situados hombro con hombro que duplicaban la potencia de fuego respecto de las anteriores. Esto era posible sin asumir excesivos riesgos debido a la reducción del tiempo de recarga que suponía la nueva llave de chispa. Los cuadros se siguieron utilizando hasta la era napoleónica para repeler a la caballería con formaciones de seis en fondo.

La caballería, por su parte, fue adelgazando paulatinamente sus elementos acorazados y tras una primera época de preponderancia de las armas de fuego y las tácticas de caracola, evolucionó hacia la carga y el choque en el siglo XVII. En adelante evolucionaría poco, y para la época napoleónica seguían siendo formaciones que empleaban una panoplia compuesta de armas blancas y armas de fuego, con algunos elementos acorazados.

La evolución de la artillería permitió principalmente hacerla más versátil en el campo de batalla. Con la mejora de las técnicas metalúrgicas se fueron consiguiendo cañones menos pesados con mayor precisión y alcance. La estandarización de piezas pequeñas, como el cañón regimental, dio también una gran versatilidad a esta arma como elemento de acompañamiento de infantería y caballería, tácticas que continuarían vigentes en las guerras napoleónicas.

En la próxima entrada abordaremos el estado de las tácticas y ejércitos de finales del siglo XVIII, a las puertas de la era napoleónica.

Sigue en La infantería napoleónica (II) – Infantería Ligera e Infantería de Línea

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