Año de 1581, La Frisia se halla amenazada una vez más por los rebeldes, y la ciudad de Groninga conspira contra Francisco Verdugo, gobernador español de la provincia y capitán general de su ejército.

Batalla de Noordhorn (1581) – croquis de situación nº1 – La Guerra de Frisia

El general inglés Norreys (llamado Norys por Verdugo), al mando de un ejército inglés ha puesto los pies en Frisia y aumenta su ejército con gente de Brabante y otras partes, haciendo promesa de pelear con el español, seguro como estaba de la victoria. Sus soldados, Ingleses y Frisones, no mantenían buenas relaciones y provocaban frecuentes altercados entre ellos por los desmanes que los soldados ingleses hacían quemando casas y villajes como represalia por la muerte de algunos compañeros suyos asesinados, a su vez, por los campesinos del lugar. La situación llegó a tal extremo, que algunos soldados frisones entablaron conversaciones con Francisco Verdugo con la intención de mudar bando para poderlos degollar más holgadamente.

El coronel español recelaba de todos los frisones, y así lo rememora: acordándome entonces de lo que había siempre oído decir en Holanda: que no se debe dar crédito a ningún Frisón que no tenga pelos en las palmas de las manos. Estando en éstas, recibe Verdugo una delegación de la ciudad de Groninga instándole a adentrarse en Frisia y a trabar combate con el inglés. Los regimientos de Verdugo estaban descontentos por causa del retraso de las pagas y tras algunos contratiempos, Verdugo no veía conveniente adelantarse tanto con una tropa tan escasa, tan poco apaciguada y con dificultades para poder aprovisionarla.

Verdugo había advertido ya que el enemigo tenía predisposición a la lucha cuando dos días antes había dado una encamisada a su regimiento, aunque de poco fruto. La ciudad de Groninga, mientras, le volvió a pedir que se adelantase en busca del enemigo al menos una legua más, hasta Noordhorn. Tras consultarlo con sus capitanes, aceptaron de mala gana. El teniente coronel Taxis le comentó a Verdugo que había dos capitanes […] que le son rebeldes y de mala voluntad. Yo [Verdugo] le dije que les diésemos de puñaladas y como él le fue a decir esto no hablaron más en ello […]

Batalla de Noordhorn – grabado de la época

Envió entonces el coronel español a dos capitanes a reconocer el lugar y posteriormente llevó allí al ejército, alojándolo en Noordhorn. Sin embargo, pese a haber satisfecho los deseos del magistrado de Groninga, éste no autorizó a que salieran provisiones de la ciudad, ni con dinero ni sin él. La situación era bastante comprometida y pese a no tener que darles de comer a sus soldados, no tenía otra alternativa que luchar, vista la cercanía del ejército enemigo. Pero veamos como lo narra el propio Francisco Verdugo:

Yo, viéndome empeñado cerca del enemigo, consciente del error que había cometido al moverme, envié a dos capitanes, uno de caballería y otro de infantería, a rogarles a los de Groninga que nos dejasen sacar lo necesario de provisiones por nuestro dinero, lo cual me fue rehusado. Según decían algunos, lo hacían por estar más convencidos de nuestra derrota que de nuestra victoria, teniendo así al enemigo más grato si nos fueran mal las cosas; y fue por esta causa que cuando llegó el momento de pelear hubiera muchos soldados fuera del campamento buscando qué comer.

Al saber que en breve sería atacado, como así fue, atrincheré las avenidas y cuerpos de guardia, me preparé y puse en orden todo lo necesario según los medios de que disponía; porque habiendo aumentado el general Norreys su ejército en mucho más número de gente de la que yo tenía, se propuso venirme a buscar. Por la necesidad que nuestros soldados tenían, se iban a buscar qué comer y a batir trigo para sustentarse, y en el momento en que el enemigo empezó a dejarse ver por el dique de Niezijl faltaba en el campamento, a estos efectos, la tercera parte de la gente. Fui yo a reconocer al enemigo, y como vi que no traía bagaje ninguno, me pareció que venía con ganas de pelear de inmediato.

Sir John Norreys

Y así, volviendo al cuartel hallé a todos los soldados recogidos en sus banderas, en conformidad con la orden que les había dado. Los mandé salir a la plaza de armas y me puse en formación de batalla para sorpresa del enemigo, que como después supe, no esperaba que yo saliera de Noordhorn, sino que me defendiera en él. Lo fundaba el enemigo en la superioridad que tenía de gente y en el atrincheramiento de las avenidas que yo había hecho en aquel cuartel. Puse a la gente en escuadrón, con los alemanes en medio y mi regimiento repartido, la mitad en el ala derecha y la otra mitad en el ala izquierda, desplegando así mismo las cuatro compañías de caballos que tenía, dos a un lado y dos a otro.

El enemigo formó también sus escuadrones. Por nuestra ala izquierda había un camino ancho por donde, y no por otra parte, podía atacar la caballería que tenía el enemigo en su ala derecha. Por una y otra parte de ambas alas era país roto [terreno irregular], lleno de fosos, y hacia el lugar donde se encontraba este camino, a cosa de trescientos pasos de nuestros escuadrones, puse a un capitán de mi regimiento con hasta doscientos mosqueteros y arcabuceros con orden de poner el pecho en tierra y esperar allí a que acometiese la caballería enemiga, estando apostados en parte segura por los fosos que por todas partes rodeaban la posición donde ellos estaban.

Conociendo yo el sitio y sabiendo que de ninguna manera se podía atacar sin que se desorganizasen los escuadrones, fui avisando a los nuestros para que no se moviesen sin que yo les diese la orden, diciendo a los escuadrones estas palabras: «hijos, viendo como el enemigo se ha puesto y cuan mal ha hecho sus escuadrones, con el favor de Dios la victoria es nuestra y solo consiste en que permanezcáis firmes y no os mováis sin mi orden, porque el primero que se mueva de los dos ejércitos estará perdido».

Escenificación de un combate en un grabado de la época

Dicho esto, saqué de nuestra ala derecha hasta doscientos arcabuceros de mi regimiento y los puse junto a las compañías de arcabuceros a caballo de Monsieur de Villers y la mía, algo apartado de nuestros escuadrones y junto a una casa, frente a la cual había ordenado hacer algunas explanadas para que, habiendo pasado por ellas alguna gente del enemigo, la atacasen sin que los pudiesen socorrer los que los seguían.

Hecho esto me fui a los escuadrones, desde donde hice comenzar la escaramuza por tres partes; y mientras se escaramuzaba, adelantaron los enemigos cinco piezas de campaña y comenzaron a cañonearnos sin que hiciesen más efecto que matar a un tambor mío. La escaramuza fue refrescada tres veces, pugnando por ganar o perder una montañica verde que estaba entre las dos formaciones. Mi intención era incitarlos con estas escaramuzas a que movieran sus escuadrones, que en ello radicaba (después de la voluntad de Dios) la victoria. Y así sucedió, porque viendo el general Norreys a aquellas dos compañías de caballos y a la infantería que había puesto con ellas tan apartados del cuerpo de nuestros escuadrones, mandó a su nación [de Ingleses] que cerrase con ellos, valiéndose para tal cosa de las explanadas que yo había hecho.

El capitán Alonso Mendo, que por entonces era alférez de mi compañía de lanzas, y el capitán Villers, que lo era de arcabuceros a caballo, en lugar de esperar a que el enemigo pasase por la última explanada, señalada con dos palos que mi mano había puesto, habiendo dado orden de que en comenzando a pasar algunos enemigos por allí cerrasen con ellos, que derrotándolos pondrían en desventaja a los demás, se adelantaron ellos [Villers y Mendo] a pasar por la señal hecha y dieron la misma ocasión al enemigo que yo les había dicho que el enemigo les daría.

Fueron acometidos y rotos [Villers y Mendo] y la infantería enemiga que cargaba a su mano derecha pegada a ellos rompió a la nuestra. En ese momento, la caballería del ala derecha enemiga cargó adelante por el camino ancho junto al cual estaban los mosqueteros y arcabuceros que he dicho antes, que se levantaron y, no estando más que a treinta pasos del camino, de la primera rociada que dieron hicieron tan buen efecto que derribaron a muchos de ellos.

Viendo lo que la nación inglesa había hecho en nuestra ala derecha, mandé que cerrasen nuestros escuadrones contra los del enemigo, que ya se habían movido y venían medio desordenados. Yo cerré con las dos compañías de caballos del capitán Thomas Frate, albanés, y del barón de Biévres contra esta caballería por el mismo camino por el que venía cargando, hallándola medio desbaratada por las rociadas que los mosqueteros y arcabuceros le daban; y con mi carga volvió las espaldas poniéndose en fuga, lo que dio mucho ánimo a nuestra infantería que cargaba por mi mano derecha, quitándoselo al enemigo, que veía huir a su caballería. Los Ingleses que habían cargado por nuestra ala derecha explotaron su victoria hasta nuestro cuartel, y cuando pensaron tenerla del todo vieron su ala derecha y el cuerpo de los escuadrones derrotados.

Y así, volviendo también las espaldas, hallaron el paso [aplanado del ala derecha hispana por donde habían venido] tomado por nuestra infantería, que los deshizo como a los demás, matando a gran número de ellos. Yo seguí a la caballería que había cargado por el camino ancho primero [ala izquierda hispana], con intención de, una vez tomado el dique que iba a Niezijl, hacer cara a la caballería inglesa, que como he dicho, había llegado a nuestro cuartel; pero las dos compañías que me seguían se quedaron matando a los que la infantería había deshecho, y cuando pensaba que estaba acompañado de ellos me hallé solo en el dique, por donde pasaron todos los principales jefes con sus capitanes, y maltratándome, estuve preso dos veces sin ser socorrido. Más al fin, con el miedo que llevaban y defendiéndome yo lo mejor que pude, me dejaron.

Francisco Verdugo en su juventud

La infantería del enemigo, que venía deshecha en su mayor parte, echó a nuestra mano derecha por unos prados hacia el canal de Niezijl, y habiendo llegado alguna gente, seguí a sus banderas, capturándose todas excepto una que salvó uno de a caballo. Murieron de los enemigos de dos a tres mil hombres. Pocas veces es cierto el número de los muertos que en tales casos se dice, pero el parecer común de los que lo vieron fue este. Siguiendo yo, como digo, a las banderas del enemigo, vi ir por el camino adelante al teniente coronel Taxis y a otros capitanes hacia el fuerte del enemigo de Niezijl, que había sido abandonado poco antes. Su guarnición, temiendo ser cortada por alguna caballería nuestra que había pasado a nado, se volvió a meter dentro del fuerte, pudiendo los nuestros haberlo ocupado antes.

Esto sucedió un sábado, el último día de septiembre y de San Jerónimo, del año 1581. Murieron del enemigo veinticuatro capitanes y dos tenientes coroneles, quedando uno preso, y el general Norreys fue herido en una mano de la que ha quedado manco, perdiendo también las cinco piezas de artillería. Este es el general que llevaba a la gente de guerra a su cargo cuando fueron a sitiar Lisboa [la Contra Armada] los años pasados. Comenzando ya a venir la noche di orden de recoger a la gente y de que cada uno se volviese al puesto que tenía, y formando en escuadrón en la plaza de armas, todos arrodillados, dimos gracias a Dios por la victoria que había dado a su Majestad con tan poca pérdida nuestra.

La narración de esta batalla está inlcuida con todo detalle en mi nuevo libro LA GUERRA DE FRISIA: LAS CAMPAÑAS DEL CORONEL VERDUGO EN EL NORTE DE FLANDES 1579-1594

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Aprovecho el hilo del artículo para adelantaros que en unos días estará disponible mi nuevo libro LOS TERCIOS EN AMÉRICA – LA JORNADA DEL BRASIL. SALVADOR DE BAHÍA 1624-1625

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  1. Castillo says:

    Muchas gracias por la publicacion de este articulo, D. Hugo. Es sin duda el relato de un capitulo muy interesante.

    Si se me permitiera hacer un apunte en el estilo del texto, sugeriria que se incluyeran referencias y descripciones de los lugares que se menciona asi como presentaciones de los personajes historicos a los que se cita. Al seguir el hilo argumental, se llega a perder uno entre nombres, referencias cruzadas y toponimos que aparecen sin aportar algun dato que ayude a localiar al lugar o al sujeto referido.

    Espero que este comentario sea de utilidad para continuar con esta labor que Ud. realiza con tanto entusiasmo.

    Muchas gracias de nuevo,
    Eduardo Castillo

    • Hugo A Cañete says:

      Muchas gracias por tu comentario Eduardo. Tienes toda la razón, pero sería una tarea ardua que se saldría de los límites de una entrada de este tipo. Quizá resulte también un poco farragoso, pero intento darle al texto el resgusto de la expresión de aquel tiempo, tomando frases prestadas del propio Verdugo. En breve saldrá mi nuevo libro La Guerra de Frisia, que aborda con gran profundidad el periodo y desde luego esta batalla.

      saludos

  2. Manu says:

    Una pregunta: Dice Verdugo que norreys estuvo presente unos ańos antes en el intento de toma de Lisboa, pero la contra armada no se lanzó hasta 1589 y esta batalla fue en 1581, como puede ser?

    • Hugo A Cañete says:

      Hola Manu, lo explico en el libro. Francisco Verdugo escribe sus memorias en 1594-95, y en muchos de sus pasajes habla con referencia a su momento presente. Es decir, como escribe el relato en 1594, 1588 es un año pasado.
      saludos!

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