Abundando en este tema y con la sana intención de manifestar sobre algunos hechos y estados de opinión comentados en el programa de HistoCast 32, aporto estas líneas de comentarios.

Comparto la opinión (vertida por todos los ponentes) de la tergiversación histórica que la historiografía anglosajona ha conseguido encajar, no solo en el público sino en muchos historiadores hispanos. Si bien sería deseable matizar algunos aspectos que no quedaron claros. Se comentaron algunas cuestiones, de orden menor, no con mucho acierto; por ejemplo, la Nuestra Señora del Rosario –la nao de Pedro de Valdés– no se abandonó a consecuencia de los daños sufridos en la escaramuza del 31 de julio, sino que una vez terminada esta, en una maniobra no muy acertada de su capitán, colisionó con la nao Santa Catalina, pues la primera apenas si participó en el suceso.

No se fondeó en Gravelinas, sino en la rada de San Juan de Calais; en el combate del día 8 solamente se perdió una nao a consecuencia del mismo, se hundiría a la tarde, una vez terminado todo; los dos galeones más dañados optaron por buscar puerto en las costas españolas de Flandes, pero uno encalló en los bajos y el otro, tras enfrentarse –nuevamente– a barcos ingleses y holandeses (cerca de Nieuport) fue tomado, una vez agotada todas las municiones; ambos terminarían en manos rebeldes en el puerto de Flesinga donde se hundirían.

En orden mayor, la flota de guerra inglesa –isabelina– era superior a la hispana en número (una treintena) pero no de mejor calidad, solo cuatro unidades habían sido construidas según el concepto de Hawkins (supuestamente revolucionario) y únicamente otras 12 procedían de reconstrucción de unidades antiguas que no llegaban a la proporción 3:1 (eslora/manga) propuesta como ideal. Y digo “supuestamente revolucionaria” porque entra en juego el desdén histórico inglés y la ignorancia u olvido hispano.

Los galeones de Cristóbal de Barros (como personalmente creo deben nombrase) fueron una evolución del galeón atlántico hispano (no portugués) y curiosamente su concepto de diseño preconizaba una relación superior a 3:1, cubiertas corridas para la artillería, mayor número de cañones, mayor separación del trinquete al mayor, raseado de los castillo de proa y popa, más en el primero que en el segundo, etc. Algo que recuerda la idea de galeón isabelino y cuestiona la paternidad de la “invención”. En el momentote de la campaña la Armada tenía ocho unidades, formaron en la Escuadra de Castilla, combatieron y regresaron todas a España

En cuanto a la formación y táctica, como bien indica Víctor San Juan, eran atlánticas; ambas se habían desarrollado en décadas de navegación, pero sus postulados obedecen a Alonso de Chaves y datan de los años 30 de ese siglo; no es cierto que preconizasen una única andanada, es innegable que antes de abordar debía producirse la última de una larga serie, dependiente de cómo se desarrollase el encuentro.

Sobre la artillería y su superioridad hay que referenciarlo como un estado de opinión inglés; si bien todos –los ponentes– consignaron una misma opinión sobre este asunto, contraria a esa tesis. Esta opinión inglesa es la que más daño y peso tiene en la leyenda negra, pues ha sido calcada y seguida por un sinfín de divulgadores. Coincido en la opinión vertida, esta la fundamento bajo un estudio analítico; la artillería solo podía ser efectiva a distancias menores a 100 metros, los cañones pesados de 30 libras y más apenas si llegaban a los 80 metros colocados en la cubierta baja, solo las culebrinas y tercios de cañón de 9 y 10 libras conseguían superar esta distancia, eso explica por qué el Duque pide a Farnesio munición de 4, 6 y hasta 10 libras, pues por ambas partes fueron las más utilizadas, al comenzar los ingleses los combates a 300 metros, distancia imposible de alcanzar por la artillería embarcada de la época, o como mínimo hacer blanco, ya que una orzada o arribada de 6º en el momento del disparo erraba el blanco (eslora de 30 metros) a más de 100 metros de distancia.

Efectivamente las cureñas de esta artillería eran de dos ruedas, pero no eran iguales que las de tierra, aunque sí similares, mecánicamente está demostrado que eran mejores a las de cuatro ruedas y su maniobrabilidad superior, esto fue aclarado por el historiador don José Luis Casado Soto de forma experimental, y está justificado de modo analítico en un estudio, al cual referiré con posterioridad. Una cureña naval española para un cañón de 25 libras de bala solo alargaba 98 cm. sobre la inglesa, y quedaba asentado (referido al eje del ánima) a una altura de 74 cm. por 72 para el inglés, para una media culebrina bastarda de a 10 estos valores son 77 cm. y 81 cm., siendo la altura inglesa de 94 cm.

La Invencible y su Leyenda Negra – Antonio Luis Gómez Beltrán

No es cierto que los ingleses fuesen más hábiles y entrenados en el manejo de su artillería, ni que los soldados españoles tuviesen que abandonar sus puestos de combate para acometer la carga de una pieza, solo son estados de opinión que tratan de justificar una superioridad que no se manifestó en realidad. Está demostrado que el rendimiento táctico (conjunción de maniobra y armamento) inglés fue muy inferior al español; aplicando la teoría determinista de Lanchester (utilizada por los estados mayores para calcular las bajas), queda evidenciado que el rendimiento inglés fue de un 22 % sobre la capacidad española, a pesar de que disparaban 2’14 veces más rápido que los nuestros.

Todo lo expuesto anteriormente (y otras leyendas) quedan avaladas y justificadas en la tesis “La Invencible y su leyenda negra. Del fracaso inglés en la derrota de la Armada Española” publicada por la editorial ARIN 2013 EDICIONES.

www.laarmadainvencible.es

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