En febrero de 1877, 14 años después de la batalla, el secretario de la Sociedad Histórica Sureña recibió una carta de un <<distinguido crítico militar extranjero>> que no quería que su nombre saliera a la luz pública, haciendo una serie de cinco consideraciones sobre lo que el pensaban que eran los errores cometidos por la confederación en la campaña/batalla de Gettysburg, y solicitando que su opinión fuera transmitida a los generales confederados que participaron en ella para que le contestaran lo que ellos pensaban.

 

Los antagonistas:

George Gordon Meade (Ejército del Potomac)

y Robert E. Lee (Ejército de Virginia del Norte)

 

Estos son las cinco consideraciones que contenía dicha carta.

Fue un error por parte de los confederados invadir el norte (invasión que llevó a la batalla de Gettysburg). Dicha invasión exacerbó el espíritu  militar de los habitantes de los estados del norte; provocó el hundimiento del grupo político de los llamados <<copperheads>> (que estaban a favor del reconocimiento del sur y de la paz); hizo que miles de hombres que jamás se hubieran enrolado se presentaran voluntarios para servir en el ejército federal, hombres que en 1864 se habían convertido en luchadores veteranos; y redujo en dos años la capacidad de resistencia del ejército confederado.

Este punto indica igualmente que la mejor posibilidad de victoria del sur en la guerra estribaba en agotar los recursos económicos del norte, y no sus recursos humanos, que era lo que se pretendía con la invasión.

 

Fue un error por parte de Lee invadir el norte antes de haber derrotado al Ejército del Potomac (federal) en suelo sureño. El argumento se basa en que el ejército nordista lucho diez veces mejor en terreno propio que en Virginia. Además, se indica que la invasión de Lee y la actuación del Ejército de Virginia del Norte (confederado) lejos de sus bases, fueron las causas por las que finalmente Lee se vio obligado a luchar en un campo de batalla elegido por el General Meade (entonces al mando del Ejército federal del Potomac). En este argumento concluye que hubiera sido mejor para el sur lanzar una serie de <<raids>> de caballería destinados a destruir las infraestructuras del norte, más que enviar a todo el ejército a forzar batalla allí sin antes haber aniquilado al enemigo en Virginia.

 

Los ataques de Longstreet el 2 de julio.

El modo en que se luchó el 2 de julio (fue el día de las batallas de <<Devils Den>> y <<Little Round Top>>, el extremo derecho del despliegue confederado; y de <<Culps Hill>>, en el extremo izquierdo) fue sumamente descoordinado, a diferencia de la perfecta ejecución de planes y órdenes que fueron la razón de victorias confederadas como Gaine´s Mill y Chancellorsville.

 

No se entiende como Lee, después de haber obtenido cierto éxito el día 2 de julio, encontrándose al día siguiente con que la posición federal seguía siendo fuerte, no extendió su ala derecha hacia el sur, amenazando la débil ala izquierda del ejército unionista y sus comunicaciones con Washington.

 

¡Hombres de Maine! La batalla por Little Round Top.

 

Y , que el <<heroico pero loco>> ataque de Pickett del día 3 de julio nunca hubiera debido llevarse a cabo. Sobre esta cuestión parece haber dos puntos de vista distintos: uno (el del general confederado Longstreet) que indica que el ataque le fue impuesto por Lee en contra de su criterio; y otro, (del igualmente general confederado Jubal Early) donde se critica a Longstreet por la tardanza de los elementos del Segundo Cuerpo de Ejército que estaban bajo su responsabilidad a la hora de entrar en batalla, que impidió la coordinación del ataque de Pickett con otras acciones que se llevaron a cabo ese día, una coordinación que sin duda hubiera llevado a la victoria.

Ninguno de estos cinco puntos es exactamente cierto, y en posteriores entradas comentaremos las opiniones de algunos de los oficiales confederados que contestaron a ellos con sus propios puntos de vista.

  1. dani says:

    El ataque de Pickett era una locura si o si. Era imposible destruir el centro del dispositivo nordista con un ataque de infantería con un apoyo de artillería inferior a la nordista. Todo se basaba en la creencia fantasiosa en que el centro se habría debilitado por los ataques a los flancos del día anterior. Pero dada la superioridad numérica nordista eso era querer creerse sus propios deseos.

    • Javier Veramendi B says:

      Buenos días Dani.
      Ante todo, creo que no estoy del todo de acuerdo contigo, hubo varios factores importantes que contribuyeron al fracaso de la carga de Pickett, y que, por otro lado, no la hacen parecer tan descabellada.

      Para empezar, la superioridad numérica del Ejército del Potomac, si bien era cuantiosa, en cierto sentido no era tan importante. Durante la guerra civil americana el factor < > fue extraordinariamente importante, no solo por el tipo de lucha que se llevó a cabo, sino por el hecho de que en gran medida se hizo con ejércitos de voluntarios, casi milicias, por muy veteranos que llegaran a ser algunos soldados.
      La importancia de este factor < > era especial cuando de asaltos se trataba. Las estadísticas reflejan un número de bajas por arma blanca bajísimo en relación con los asaltos que se ejecutaron, y las memorias personales indican que la gran mayoría de los asaltos nunca llegaban al combate cuerpo a cuerpo. De las cuatro formas posibles, los asaltos solían terminar: o bien mediante un tiroteo a corta distancia, que es lo que solía pasar en cuanto a la fuerza asaltante se detenía para lanzar una descarga (por eso se llevaron a cabo asaltos con las armas descargadas, para evitar que los hombres se detuvieran a disparar, con la consiguiente dificultad de ponerlos en marcha de nuevo); o bien mediante la retirada de la fuerza asaltante, antes de llegar a su destino; o bien mediante la de la fuerza asaltada, cuando el enemigo se le echaba encima. Sobre este extremo me atrevo a recomendar el libro de Brent Nosworthy < >

      Con respecto a la artillería, lo cierto es que los confederados fueron vilmente engañados. Tras haber atacado por la izquierda y por la derecha, los federales los esperaban en el centro. Esta idea se vio confirmada cuando, antes del ataque, la artillería sudista lanzó un bombardeo masivo sobre Cemetery Hill. Tras contestar un rato, el jefe de la artillería nordista tuvo el tino de ir ordenando a sus baterías que callaran poco a poco, creando la impresión de que habían sido neutralizadas. Cuando los confederados atacaron y la artillería unionista volvió a entrar en acción, sus propias baterías (que, hay que decirlo, operaban muy lejos de sus bases en Virginia) se habían quedado sin munición. Especialmente dañinas, además, fueron las baterías unionistas del flanco sur del ataque, que pudieron disparar de enfilada contra las líneas atacantes, causando destrozos considerables.

      Y con respecto a la solidez de la línea federal en Cemetery Hill, lo cierto es que, debido a ese factor < > del que hablaba antes, sí que llegó a ceder, especialmente en el sector del < <ángulo>>, donde los confederados llegaron a ocupar las posiciones asaltadas, para ser rechazados por tropas de refuerzo provenientes de Culp´s Hill. Adelantando acontecimientos, este fue uno de los aspectos clave del fracaso. Ese mismo día los confederados habían lanzado un ataque peligrosísimo contra Culp´s Hill, anclaje derecho de la posición federal, que de haber caído hubiera tenido consecuencias muy graves. Este ataque debía ser simultáneo con la carga de Pickett, pero no lo fue, de modo que Meade tuvo la posibilidad de rechazar un ataque y luego el otro, mandando sus reservas a ambos puntos. De haberse coordinado correctamente esta ofensiva, y las de los días anteriores, la cosa hubiera sido muy distinta.

      Así pues, que la carga fue un error es algo que se evalúa fácilmente a todo pasado, pero en el campo de batalla fue una idea que parecía prometedora. Por otro lado, también es cierto que aquella no fue la mejor batalla de Lee, no estuvo acertado, en buena parte porque le faltaba su brazo derecho.

      Opino, claro. Un saludo a todos y gracias por intervenir Dani.

  2. dani says:

    Incluso en las guerras napoleónicas los casos en los que las líneas de infantería llegaban al choque eran escasos. Y en 1860 las armas había mejorado una barbaridad, tanto en cuanto a precisión, como en fiabilidad como en rapidez de tiro. La época en la que las apretadas filas de la infantería podían atacar a un enemigo que les esperaba habían pasado a la historia. Pocos años después los ataques prusianos o franceses de ese estilo fueron prácticamente suicidas.
    Dada la poca profesionalidad de los ejércitos de la guerra de secesión, coordinar ataques resultaba casi imposible. El ejército confederado carecía de un EM organizado que fuera capaz de coordinar algo tan complejo. Y el ejército federal solo era un poco mejor en ese aspecto.

  3. Javier Veramendi B says:

    Veamos.
    Durante las guerras napoleónicas los choques fueron, al contrario, más frecuentes de lo que se puede creer. De hecho, la táctica de asalto favorita de la infantería francesa era el ataque en columna (o en orden mixto), donde un núcleo de veteranos podía encuadrar con facilidad a los novatos y conducirlos hasta el enemigo. No debemos confundir, en todo caso, la cadencia y la capacidad de fuego que lograron los ejércitos británicos, que se centraron primordialmente en esta forma de combate, que la que lograron otros ejércitos. Salvo contra estos últimos, el asalto fue una de las bazas francesas más efectivas.
    Posteriormente, hay que decir que entre la Guerra Civil Americana y la guerra de 1870, por ejemplo, la técnica armamentística avanzó mucho. Los fusiles ganaron enormemente en precisión y posteriormente las ametralladoras se hicieron con el campo de batalla.
    Con respecto a la potencia de fuego básica de la época de 1861-65, podemos partir del arma más habitual, el Fusil Springfield de 1861. Esta arma tenía una distancia máxima efectiva (no absoluta), de unos 350m. Si la comparamos con un paso de asalto de unos 6km/h, eso nos da 3,5 minutos desde el momento en que el Springfield era capaz de matar hasta que se llegaba al choque. En esos 3,5 minutos, el tirador podía disparar de 2 a 3 veces por minuto, lo cual nos da un fuego total de entre 7 y 11 disparos antes de que el enemigo se echara encima.
    Con respecto a la precisión, lo cierto es que no eran ninguna maravilla y que la mayoría de los disparos se perdían sin acertar al blanco, porque eran armas que tendían a disparar más alto de donde se apuntaba. Los nervios también jugaban malas pasadas, y soldados que disparaban sus baquetas, o que reventaban su arma porque la habían cargado varias veces sin llegar a disparar no eran casos raros. En todo caso no se pueden comparar con los fusiles del cambio de siglo (XIX al XX), y no se debe olvidar que en su mayoría eran fusiles de avancarga.
    A esto hay que añadir el carácter de milicia de la gran mayoría de las unidades de la época las convertía en poco eficaces en lo que a disciplina de fuego se refiere. A veces era sumamente difícil que los hombres no empezaran a disparar cuando el enemigo entraba en el alcance máximo de sus armas, hasta 900 metros, y gastaran gran parte de su munición antes de llegar al alcance efectivo. Para el asunto que nos ocupa debemos añadir además que los tiradores de los ejércitos sudistas, provenientes de ambientes rurales, resultaron, de media, un poco mejores que los nordistas, provenientes de las ciudades. (De media, insisto).
    Dicho esto, merecen una mención especial lar armas de tiro rápido: carabinas de retrocarga, fusiles colt, etc. Hubo intensas polémicas ya entonces sobre la utilidad de estas armas. Sus detractores alegaron, a menudo con razón, que si bien podían disparar el doble, o el triple de balas por minuto, estas armas no incrementaban la capacidad de munición que podía trasladar el soldado de infantería, ni la cantidad de carga que podía trasladar la carreta de munición, con lo cual existía un riesgo altísimo, como a menudo sucedió, de que si los soldados empezaban a disparar cuando el enemigo estaba muy lejos, y además lo hacían con gran cadencia de fuego, se hubieran quedado sin munición en el momento de llegar a la lucha a corta distancia. Por increíble que parezca, hay que insistir en que los ejércitos de la Guerra Civil Americana no tenían, ni de lejos, la disciplina de la línea roja británica.
    Con respecto a la coordinación de los ataques tampoco estoy del todo de acuerdo. Se consiguió en bastantes ocasiones una coordinación aceptable, y debemos tener en cuenta que, sobre todo en el sur, hubo muchos militares profesionales que, si bien no se habían inventado los estados mayores como se conocerán más adelante, tenían una idea cabal de cómo gestionar una batalla. De hecho, si una de las quejas habituales de los generales de la época fue que en Gettysburg hubo poca coordinación, es que se esperaban algo mejor, luego eran conscientes de que se podía llevar a cabo. En realidad debemos tener en cuenta que las batallas duraban bastante. Los asaltos contra Culp´s Hill, por ejemplo duraron un par de horas, durante las cuales Pickett no se movió. Dos horas es mucho tiempo, de ahí que se hablara de una falta grave de coordinación.

    Opino

  4. dani says:

    La buena coordinación de los ataques durante la guerra de secesión, fue más la excepción que la norma. Claro que los hubo, pero comparativamente pocos. La frustración por la falta de coordinación o por la incapacidad de explotar un éxito parcial fue algo común a ambos ejércitos. Como en general el sur actuó a la defensiva en su caso se notó menos.
    La mala puntería y la indisciplina en el fuego fueron muy notables al principio de la guerra. Pero para 1863 la cosa había mejorado mucho y en el norte había muchos regimientos con armas mejores.
    Pero supongamos que consiguen llegar al choque. ¿Hubieran logrado romper la línea federal? ¿Hubieran podido explotar la ruptura de dicha línea? El ejército federal contaba con bastantes reservas a distancia corta.

  5. Javier Veramendi B says:

    Claro que había reservas,precisamente las tropas que llegaron desde Culp´s Hill y que habían estado allí para evitar que los confederados se hicieran con esta posición clave. El resto del ejército, en cambio, no se hallaba en un estado demasiado bueno tras los vapuleos de los dos días anteriores.
    Y de hecho fueron esas reservas las que repelieron a los confederados que habían llegado hasta el ángulo del muro en < > y expulsado a los defensores que lo guarnecían.
    También los confederados tenían reservas, por cierto, entre ellas parte del Cuerpo de Ejército de Andrew Powell Hill, que había combatido el día 1 pero no el día 2 y estaba relativamente descansado.
    Porque lo cierto es que los confederados consiguieron llegar y romper, aunque en un punto muy pequeño. Allí se dejó la vida el General Lewis Armistead, con su sombrero clavado en lo alto de su sable. Allí estuvo la batalla en la balanza, porque de no haber existido esas reservas federales oportunamente llegadas desde Culp´s Hill, el ejército hubiera podido derrumbarse, como ya había hecho en otras ocasiones, en el momento en que corriera la voz de que los confederados habían roto.
    Y es en este punto donde la carga de Pickett deja de ser «una locura si o si», aunque siga siendo un error, sobre todo visto retrospectivamente. Tras el vapuleo de los dos días anteriores Lee tenía fundadas sospechas de que a Meade le quedaba poco fuelle, y aunque a él tampoco le quedaba demasiado, tenía la convicción de que la moral superior de sus tropas se llevaría la batalla, con el apoyo, si era necesario, de las tropas que le quedaban a Hill y las escasas unidades más o menos completas que le quedaban a Longstreet, provocando el derrumbe del centro federal y la victoria.
    Desgraciadamente, por primera vez se enfrentaba a un general muy seguro de lo que había que hacer, extraordinariamente tenez y con la convicción de que había que aguantar a toda costa si se quería repeler al Ejército de Virginia del Norte. Me refiero a George Gordon Meade.

    Opino.
    Saludos.

  6. Jose Suárez Arevano says:

    Un soldado de la unión dijo en la batalla de Gettysburg: » Lucharemos hasta que el infierno se convierta en hielo, y luego seguiremos luchando hasta que se derrita el hielo «. Ese espíritu les llevo a la victoria. Llamale fe o fuerza interior, o como quieras llamarlo. Esa fuerza interior es casi siempre la que te lleva a la victoria. Y nunca te creas invencible por mucho más fuerte que seas, ni menosprecies a tu enemigo por muy débil te pienses que sea. Cuantas batallas se perdieron ?debido a esto.

  7. Javier Veramendi B says:

    El problema de las citas anónimas, sobre todo de este tipo, es que suelen tener bastantes más autores que los que resultan prácticos. Así, esta última, Shelby Foote se la atribuye más bien a un soldado confederado.

    Lo cierto es que los que estuvieron sobrados de moral en Gettysburg fueron los soldados del Ejército de Virginia del Norte, y precisamente por ello Lee les pidió lo improbable (por no decir imposible).

    El Ejército del Potomac, en cambio, acababa de llevarse una ducha fría porque al destituído Hooker el día 28 (4 antes de la batalla), había corrido el rumor de McLellan estaba de vuelta, para gran alegría de la tropa. Meade, en cambio, era bastante desconocido.

    En este estado de cosas, que la Unión se llevara la victoria tiene bastante que ver con la flexibilidad, la capacidad de reacción y la seguridad en si mismo del antedicho George Gordon Meade.

    Opino.

    Un saludo.

  8. ARG says:

    Hola a todos:
    Creo que el destino de esta batalla fue mucho más sencillo.
    En aquellos tiempos era difícil saber donde estaba el enemigo. El General unionista Mead (nacido en Cádiz, España) le estaba buscando procurando estar entre él y Washington.
    Lee estaba en Cashtown (un poco al oeste de Gettysburg). Como muchos de sus hombres tenían problemas de calzado y se habían enterado de que en Gettysburg había un almacén de botas, un pequeño grupo decidió ir allí para apoderarse de ellas.
    En Gettysburg se encontraron con una pequeña avanzadilla de Mead QUE ESTABA BUSCANDO A LEE. Esto es muy importante, porque cuando encontraron a este grupo sudista hicieron tres cosas: 1) Echarles de allí. 2) Enviar aviso a Mead de que ya sabían dónde estaba Lee, para que fuera con el resto del Ejército. Y 3) Apoderarse de las alturas estratégicas en previsión de una batalla.
    Los sudistas pidieron refuerzos para echar a aquel pequeño contingente nordista, pero cuando llegaron, ya Mead había enviado refuerzos. De esta manera, cuando llegaron más sudistas, tambien había más nodistas.
    Así fueron llegando a Gettysburg grupos de uno y otro lado, hasta que ambos ejértitos se reunieron allí y se celebraron los mayores combates, pero ya los nordistas habían ocupado las alturas y otras posiciones estratégicas.
    En resumen: Mientras unos fueron a buscar botas, otros fueron a combatir en toda regla, por lo que, cuando se resentó la verdadera batalla, unos ya estaban preparados y otros no.
    Un saludo a todos.

  9. Javier Veramendi B says:

    Buenos días ARG. Me temo que no estoy del todo de acuerdo con tus planteamientos.

    En primer lugar, la historia de los «zapatos de Gettysburg» está poco contrastada. Es cierto que algunos autores lo mencionan, pero olvidan decir que la división de Jubal Early (II CE, Ewell), había pasado por la localidad la semana anterior; y dado que la campaña confederada fue en gran medida un inmenso raid de reabastecimiento/saqueo, es muy improbable que hubiera algo aprovechable en Gettysburg, en especial tantos zapatos, una semana después de que la ciudad hubiera sido sometida a contribución por los confederados.

    En segundo lugar, si tenemos en cuenta el plan de batalla de Meade, contenido en la «circular de Pipe Creek», no era en Gettysburg donde el general federal quería dar batalla, sino más al sur, en concreto, en una posición preparada sobre el cauce de dicho arroyo. Sin embargo, Meade confiaba mucho en el general Reynolds, y cuando lo envió hacia Gettysburg este tenia cierta potestad para decidir librar batalla en aquel lugar si le parecía viable, y así lo hizo, poco antes de que lo mataran.

    Finalmente, en aquella época si se sabía, bastante bien, cuales eran los movimientos de los ejércitos. De hecho, si hay polémica con la caballería de Stuart fue porque, precisamente, no cumplió con esta misión durante los días anteriores a la batalla y, al menos en esta ocasión, Lee tuvo que moverse a ciegas. Por otro lado, los federales si sabían que posiciones ocupaba el ejército de Lee, gracias al telégrafo, a los mensajes enviados por la milicias y los ciudadanos de la zona y gracias a las descubiertas efectuadas por su caballería, entre otras la de Bufford, que se posiciona en Gettysburg, en el centro del dispositivo confederado, para controlar este cruce de carreteras tan importante. Dicho esto, no hay que confundir estar informados con la inmediatez de dicha información, pues los mensajeros podían entregar informes ya «caducados» por el tiempo que habían tardado en desplazarse hasta su destino; y tampoco hay que confundirlo con «estar en contacto» con el enemigo.

    Un saludo.

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