En nuestra última historia nos referimos a la cena que iba a disfrutar un hombre con su familia. El personaje era David Dixon Porter, oficial de la Marina estadounidense que estaba hasta las narices de su trabajo. De hecho, Porter había solicitado el traslado a California con la intención de pasar a servir en la flotilla de guardacostas del tesoro y luego trasladarse a la Marina mercante. La solicitud no había gustado mucho. En aquellos días, muchos oficiales abandonaban los cuerpos militares estadounidenses para irse al sur y, en consecuencia, todos aquellos que pedían destino en costas alejadas o en el extranjero eran mirados (mal) con lupa.

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David Dixon Porter, durante la guerra si que ascendería.

Pero a Porter todo aquello le daba igual. Con cuarenta y ocho años seguía siendo teniente, el sexto de la lista, y llevaba veinte años sin recibir un ascenso, de hecho, también lo que estaba pasando en fuerte Sumter le importaba un ardite, según sus contemporáneos. En estas circunstancias, sin duda debió de ser una sorpresa que le avisaran de que un coche de caballos lo esperaba a la puerta de casa para llevarlo a ver a William Seward, el secretario de Estado. Estaba a punto de meterse en una turbia conspiración que bien podría costarle el escaso puesto de teniente que tenía.

Seward no era un hombre fiable para Lincoln. Este último había conseguido quitarle el puesto de candidato republicano en las elecciones que acababan de ganar, y lo había hecho gracias al apoyo de Gideon Welles, el secretario de Marina, por lo que nuestro personaje estaba totalmente dispuesto a descabezar a este último para tomar el control de la Marina y a tratar de convertirse en un súper primer ministro que tendría al presidente bajo su batuta. ¿Cómo? Aquí es donde entra en Juego otro oscuro fuerte de la Unión, situado frente al astillero de Pensacola, en la costa de Florida que daba al golfo de México. Se trataba de fuerte Pickens.

Tras la toma del astillero por las milicias sudistas locales, el jefe de la artillería local se había retirad con sus tropas a dicho fuerte, desde donde dominaba la base naval. En una situación parecida a fuerte Sumter, Pickens estaba aislado, pero no tardaron en llegar diversos buques de guerra y tropas de refuerzo, y a continuación se estableció una tregua con las autoridades locales. El fuerte estaba pues bien guarnecido y fuera de peligro.

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Fuerte Pickens, cerrando el acceso a la bahía de Pensacola

¿Puede usted decirme cómo podemos salvar fuerte Pickens de caer en manos del enemigo? –Parece que preguntó, con retorcida falsedad, Seward a Porter en cuanto este se personó ante él–.

Puedo, señor.

Entonces, si puede hacerlo, es usted el hombre que necesito

Puedo hacerlo

Bien, dígame como lo haría.

La idea de Porter no era demasiado original: enviar un vapor con unos trescientos hombres, artillería pesada y munición, que desembarcaría a las tropas bajo la protección de los cañones de un buque de guerra. No hay que olvidar que en una época sin internet, dos oficiales bien podían idear un mismo plan de forma paralela, un plan, por otro lado, que tampoco era demasiado rebuscado. Había, por otro lado, algunas cosas que el amargado Porter no sabía. Primero, que Pickens, como hemos indicado antes, no estaba en peligro inmediato; segundo, que ya estaban allí el vapor de guerra Brooklyn, dos fragatas de vela y un balandro; tercero, que Gideon Welles, el secretario de Marina, no tenía ni idea de lo que estaban tramando; y cuarto, que él mismo había sido elegido por su desencanto con la Marina, aunque tal vez la repentina aparición en la sala del capitán Montgomery Meigs, su vecino, con quien había conversado algunas veces sobre cómo iban las cosas, debió de darle una pista sobre esto último.

Porter tampoco conocía los planes reales de Seward quien, además de lo indicado más arriba y bajo la fachada de que había llegado la hora de dar un puñetazo encima de la mesa para demostrar quien mandaba, estaba negociando en secreto la evacuación de fuerte Sumter mientras preparaba el refuerzo de fuerte Pickens.

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Fuerte Pickens

Tras esta conversación, la comitiva se dirigió a la Casa Blanca donde, junto con Meigs y Porter, Seward se personó ante Lincoln, a quien en una retorcida muestra de manipulación política convención para que le firmara una carta blanca para ir a salvar fuerte Pickens, empleando para ello el buque de guerra Powhatan, que como vimos en la entrada anterior, estaba siendo aprestado para ir a fuerte Sumter. El presidente protestó. Los canales le parecían sumamente irregulares “pero necesarios, dadas las circunstancias”, se atrevió a contestar Porter, quien conservaría su puesto de milagro. Las circunstancias eran que había numerosos simpatizantes sureños en la administración, como argumentó Seward, y por lo tanto era imprescindible saltarse al secretario de Marina y su departamento, el presidente debía actuar como comandante en jefe de las fuerzas armadas.

“Cuide de que no me queme los dedos con esto” dijo Lincoln a su secretario de Estado antes de que se fuera con la carta blanca firmada.

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