Sin duda estamos acostumbrados a pensar en la Guerra Civil Americana como una sucesión de batallas cruciales que llevaron al norte a derrotar, finalmente, a sus adversarios del sur. Sin embargo hay autores que no lo han visto así, y que han minimizado el significado de las batallas para centrarse mucho más en el nivel estratégico de la guerra, el que, fundamentalmente, tiene que ver con la política, así como con la economía.

                Cuando en 1861 estalló la guerra entre los estados, el precedente en el que trataron de reflejarse ambos ejércitos fue el napoleónico; y este, más allá de la espectacularidad de las grandes batallas como Austerlitz o Waterloo, enseñó lecciones que tanto los generales secesionistas como los unionistas supieron identificar perfectamente.

                Ante todo la superioridad de la defensa táctica frente a la ofensiva, y la de la retirada frente a la persecución. Simplificando mucho, ambas situaciones tenían su razón de ser. La primera en la mejora del armamento. La infantería desplegada a la espera conseguía mayor cadencia de fuego frente a las líneas al asalto, y el incremento, aunque no espectacular, de la precisión y el alcance de los mosquetes, ampliaba el tiempo de exposición de las líneas atacantes al fuego enemigo. Esta diferencia se haría aún más clara cuando las posiciones defensivas empezaran a ser sistemáticamente fortificadas. La segunda cuestión tuvo su origen en la organización de los ejércitos en subunidades más manejables: cuerpos de ejército, divisiones y brigadas. Si en tiempos anteriores el ejército que se giraba y huía era sistemáticamente aniquilado por la fuerza persecutora, ahora siempre quedarían unidades cohesionadas capaces de ejercer labores de retaguardia, y se puso de relieve el riesgo de que la fuerza de persecución fuera a su vez emboscada, obligada a retirarse y perseguida, arruinando la victoria obtenida anteriormente.

Las líneas de infantería, si no se desmoralizaban, solían diezmar al atacante antes de que se llegara al contacto.

                Un buen ejemplo de la primera de estas circunstancias podemos vero en la primera Batalla de Manassas (o del Bulll Run), donde la posición defensiva de la brigada de Thomas J. “Stonewall” (desde aquel día) Jackson contuvo a las fuerzas atacantes de la unión hasta la llegada de nuevos refuerzos confederados; y uno de la segunda en la batalla de Malvern Hill, última de la campaña de los Siete Días, donde el ejército persecutor de Lee se encontró repentinamente frente a una posición defensiva preparada, generosamente dotada con artillería, que lo desangró y a punto estuvo de arruinar el hecho de que había expulsado a un ejército unionista superior en medios de las cercanías de Richmond.

Por tristes que resulten, las meras bajas no fueron el camino a la victoria

                Durante la guerra se buscó una solución táctico-operacional para solucionar estos problemas: tratar de atacar el flanco del enemigo, o bien en el campo de batalla o bien en los grandes escenarios, buscando sus fuentes de suministro; pero ambos intentos acabaron fracasando. Finalmente, podemos decir que los niveles táctico operacionales fueron insuficientes para dar la victoria a cualquiera de los dos contendientes: las bajas en batalla ya no alcanzaban los niveles cercanos al 50% de encuentros como Blenheim o Zorndorf, ni tan siquiera los cercanos al 20 – 25% de los tiempos napoleónicos, sino que no solían pasar del 15 – 20%; y la logística federal, por otro lado, no se demostraría capaz de abastecer ejércitos de 100.000 en la profundidad del sur, una región tan grande como media Europa con unas vías de comunicación mucho más escasas y una quinta parte de su población.

                Pasemos pues al nivel estratégico, donde todo habría de resolverse.

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  1. dani says:

    Yo creo que la guerra la ganó en el norte no en los escenarios principales de campaña, sino en los secundarios. Las batallas e incluso las campañas en el Este o en el Oeste (actual medio oeste) solían ser inconclusas. Pero las batallas y las campañas en frentes secundarios si solían ser mucho más efectivas. La conquista de Nueva Orleans, la conquista de Florida, la división de la confederación en dos etc Todas estas campañas secundarias hicieron por ejemplo que el Sur careciera de puertos desde los que importar armamentos de Europa.
    Hay que tener en cuenta que el Sur a base de grandes sacrificios era capaz de poner en el campo de batalla del Este o del Oeste ejércitos lo suficientemente poderosos como para vencer o como para aguantar el envite de las fuerzas del Norte. Pero en los escenarios secundarios no tenía esa capacidad, el Norte era capaz entonces de poner sobre el campo fuerzas abrumadoras.
    Por ejemplo tiempo después de la caída de Nueva Orleans el Sur intento reconquistar la ciudad para ello organizó un ejército de 20.000 hombres. El general al mando de la ciudad salió al campo con 40.000, a parte de dejar guarnición suficiente en la ciudad. Así que el general sudista desistió de todo enfrentamiento. Y hay más casos parecidos en las operaciones anfibias que fueron conquistando los puertos del sur.

  2. EMILIO LUENGO CAMPOS says:

    ENHORABUENA por este sitio.Es un placer ver como se ha creado un sitio en español para poder aprender y discutir sobre HISTORIA MILITAR.SEGUID ADELANTE,es NECESARIO.ANIMO

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