Desde lo que quedaba de las murallas de la recién conquistada fortificación se comenzó a cañonear al fuerte contiguo situado en una posición de menor altitud.

Aunque hubo una gran resistencia esta fue inútil, Jonhn Campbell izó la bandera blanca viendo que no tenían ya posibilidad, al tener los españoles la posición superior los fuertes caerían de forma escalonada, uno a uno. Al día siguiente Pensacola capituló, rindiendo toda la Florida occidental.

La conquista se supo rápidamente por todo el imperio español, las campanas repicaron en Nueva Orleáns, La Habana, México, Madrid y por supuesto en las colonias rebeldes, que por fin pudieron combatir sin miedo a ser atacadas por dos frentes. La toma de Pensacola fue decisiva para futuras victorias como la de Yorktown y finalmente la capitulación de los británicos en las colonias. A Inglaterra, que también perdió las Bahamas, sólo le quedaba la isla de Jamaica en el golfo de México, pero pronto empezaron a temer también por ella ya que don Bernardo organizó velozmente una operación para tomarla.

Rendición británica en Yorktown

Pero el desastre de la escuadra francesa del almirante De Grasse no sólo paralizó la invasión sino que debilitó sobremanera a una Francia que ya padecía una fatiga de guerra que la llevaría a la posterior revolución: Inglaterra consiguió salvarse literalmente por la campana. A los aliados les faltó un asalto para noquear definitivamente a un rival que ya se había ido varias veces a la lona. En el Tratado de Versalles de 1783, los diplomáticos ingleses reconocen la independencia de los EEUU pero se muestran mucho más habilidosos que sus militares y logran recuperar las Bahamas a cambio de la vuelta al gobierno español de las dos Floridas.

Firma del Tratado de Versalles de 1783 – La parte derecha está en blanco porque la delegación británica no quiso aparecer

Por su parte Bernardo logró el grado de teniente general y los títulos de vizconde de Gálvezton y conde de Gálvez. Tras un breve paso por España será nombrado gobernador de Cuba pero terminaría en 1785 como Virrey de Nueva España sustituyendo a su padre recién fallecido. Allí alcanzó tal popularidad popularidad que la corte terminaría reprendiéndole, un gesto desagradecido que sumió en una profunda depresión a quien era pura energía y que finalmente lo llevaría a la tumba por una úlcera gástrica nerviosa el 30 de noviembre de 1786 a la prematura edad de 40 años.

 

Bernardo de Galvez logró con su tenacidad no perder la iniciativa en su enfrentamiento con los británicos, demostrando que la mejor defensa es un buen ataque, algo que sus detractores nunca llegaron a comprender. Hizo valer sus méritos por encima de su procedencia, que incluso llegó ha perjudicarle. Y es que tenía claro que “no está en la mano del hombre oponerse al clima. El único recurso posible es pensar cómo remediar el infortunio”, y así lo hizo una y otra vez para asestarle terribles estocadas al imperio inglés.

Mientras, sus contestonas colonias se hacían cada día más fuertes alimentándose de lo que llegaba por el Missisipi gracias a un indomable Gálvez y a la generosidad del imperio español de Carlos III al que todavía EEUU no ha devuelto todo lo que sus territorios le dieron, ni reconocido de manera suficiente el papel determinante que jugó para su nacimiento simplemente porque, a diferencia de Francia, no pudo ser su aliada de manera oficial. En cuanto a España… desagradecida entonces y ahora, tiene por costumbre ignorar a sus héroes. No importa pues, como figura en su escudo y como hizo en tantas ocasiones, Bernardo de Gálvez a bordo de su Galveztown diría de nuevo «Yo solo».

Firma de Bernardo de Gálvez

Viene de Bernardo de Gálvez (IV) – Pensacola. Yo Solo

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• Wikipedia. (2006). <http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Gálvez_y_Madrid>

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