Como muchas otras tradiciones, el carro de guerra fue adoptado por los romanos por influencia griega.

Si bien, el carro en Roma no gozó de mucha fama y se utilizó en contadas ocasiones, de las que hablaremos a continuación. Pero primero es importante mencionar que las legiones hicieron frente en diversas ocasiones a los carros. Desde las Britania hasta Grecia los carros intentaron, en vano, romper las filas de las legiones romanas.

De nuevo en la ciudad de Roma, dicho instrumento de guerra destacó su uso en los desfiles de la victoria para llevar sobre el mismo al general victorioso y al esclavo que le recordaba que era mortal, no vaya a ser que se le subiera la fama a la cabeza. Por otro lado, otro uso del carro eran las famosas carreras en el circo. Doce carros distribuidos en equipos, al más puro estilo hooligan, celebraban carreras dando la vuelta a la espina del circo. Fue tal la fama de estas carreras que muchos aurigas se convirtieron en auténticas estrellas, como el emeritense Cayo Apuleyo Diocles.

Dejando el mundo civil y adentrándonos en el militar, vamos a ver esos momentos en los que las legiones hicieron uso de carros para el combate. Uno de los primeros aspectos a destacar es que estos carros eran la columna vertebral del ejército ya que tal cantidad de hombres necesitaba una importante línea de intendencia. Las calzadas romanas y el uso del caro para transportar pertrechos hicieron que estas tropas de élite viajaran desde Britania hasta Judea sin ningún tipo de problema. Podríamos estar hablando de uno de los primeros ejércitos con una suerte de red de intendencia,  aunque no veremos su culmen hasta la Edad Moderna.

El imperio y la expansión trajeron consigo un avance y desarrollo de las legiones y su capacidad. Será bien entrado el s. I d.C. cuando se introdujo la “artillería propulsada”. Aunque se cree que fue usado antes, el uso de la carroballista tiene mayor importancia a partir de Vespasiano (69 – 96 d.C.) aunque los testimonios aparecen ya en época de Trajano (98 – 117 d.C.) y Marco Aurelo (161- 180 d.C.). Este ingenio bélico será una herramienta fundamental para frenar a la caballería sármata o a las tropas de Decébalo en las guerras tracias o defender las fronteras del norte de las revueltas bárbaras.

La carrobalista, por los testimonios que nos han llegado, consistía en un carro con una ballista en su parte superior tirada por dos mulas o caballos. Ésta era manipulada por un contubernio o contubernium formada por ocho soldados. Sin duda, la principal ventaja que presentaba era su potencia de fuego y su maniobrabilidad en el campo de batalla. La ballista podía arrojar piedras o flechas, pero el principal proyectil usado en este caso era la flecha que podía llegar a alcanzar los 150 metros.

Este instrumento es uno de los ejemplos de los que aportó Roma a la ingeniería y al desarrollo de la guerra. Este desarrollo se debe a la necesidad de expansión y enfrentar a sus enemigos de manera contundente, pero ¿qué potencial tenían sus adversarios? Lo veremos en la próxima entrega.

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