Avarico

Vercingétorix sabía que no podía vencer a César en batalla abierta, por lo que diseñó una nueva estrategia: realizarían pequeñas emboscadas, él y su ejército acecharían a los romanos desde la distancia.

Diorama del asedio de Avarico en la academia militar de West Point.

Además, conocían el punto débil del ejército de César: las provisiones. En un consejo los galos acordaron que a medida que el ejército romano se acercase a las poblaciones quemarían todo lo que pudiera ser útil para los romanos antes de evacuarlas. Es decir, tomaron una política de tierra quemada. César según avanzaba se quedaba sin provisiones y para colmo sus partidas de búsqueda eran atacadas continuamente por contingentes galos.

Les ordenó entonces a sus aliados eduos y boyos que le enviasen provisiones, pero estos no mostraron mucho entusiasmo, su lealtad se estaba tambaleando. Cansado, César ordenó poner sitio a la ciudad de Avarico, que se encontraba en la cima de una colina. La zona era boscosa y pantanosa, y la ciudad estaba fuertemente protegida por paredes de piedra cubiertas de madera que hacían inútil el uso del ariete y contaba con abundantes reservas de agua, por lo que los galos se sentían a salvo en su invulnerable fortaleza. Los romanos construyeron dos enormes rampas que unían la ciudad con su campamento: 330 pies de largo y 80 pies de altura. En cada rampa habría una torre de asedio. Fue una gran obra de la ingeniería militar romana.

Mapa de Avarico

Reducido el ejército romano a suma escasez de víveres en tal grado, que por varios días carecieron de pan los soldados, y para no morir de hambre tuvieron que traer de muy lejos carnes para alimentarse.  La situación era tan complicada que el propio César ofreció a sus legiones, en medio de sus fatigas  levantar el cerco si les parecía intolerable aquel trabajo, pero todos a una voz le conjuraban que no lo hiciese; que puesto que durante  tantos años habían servido bajo su mando sin dejar jamás por acabar la empresa comenzada, desistir ahora del asedio emprendido sería para ellos la mayor deshonra; que mejor era sufrir todas las miserias del mundo, que dejar sin vengar la muerte alevosa que dieron los galos a los ciudadanos romanos en Cenábo.

Vercingétorix miraba, como dijimos, desde la distancia, hostigando al ejército de César, pero su ejército empezaba también a quedarse sin provisiones. Provocó a César a emprender una batalla, pero éste la rechazó sabiendo que el líder galo había elegido una posición elevada que sería difícil para sus legiones. Ante el rechazo de César de pelear, Vercingétorix envió  10.000 hombres a la ciudad como refuerzos para poder aumentar el hostigamiento a los constructores de la rampa.

En previsión  de que se produjera un intento de asalto por el sector  que había sido delimitado por la construcción del terraplén, los galos habían protegido  el muro con un gran número  de torres de madera  protegidas con cuero, de forma que los proyectiles incendiarios no pudiesen prender. Los galos, hábiles mineros,  además cavaron un túnel desde la ciudad y aparecieron del otro lado para tratar de prender fuego a la rampa. Sin embargo, tras dos intentos fallidos por parte de los defensores de destruir la rampa, César decidió atacar durante un día tormentoso, aquel temporal era el momento esperado para lanzar el asalto definitivo. Los legionarios se apiñaron tras los manteletes y cuando las torres alcanzaron los muros, los soldados se abalanzaron sobre las murallas hasta hacerse con el control del perímetro amurallado. Los galos no lo esperaban.

Los romanos entraron en la ciudad y, tras un durísimo combate, los galos se rindieron. La masacre fue total: hombres, mujeres y niños fueron aniquilados. Se cree que 40.000 personas perecieron y que tan sólo 800 lograron escapar. No está claro si César ordenó masacrar a la población o sencillamente fue que se descontroló el ejército. Los legionarios ardían en ansias de vengar a los masacrados en Cénabo, y, además, el rencor crece en el ejército sitiador durante un prolongado asedio. Pero el efecto final fue contrario al deseado, pues los galos se indignaron ante esta masacre y creció aún más el espíritu rebelde.

-Gergovia

En la primavera del 52 a.C., después de tomarse un breve descanso en Avarico y de aprovisionarse correctamente, César dirigió el grueso de su ejército, 6 legiones, a la capital arverna,  Gergovia, de donde Vercingétorix era oriundo. Al mismo tiempo envió a Labieno, al mando de 4 legiones, a poner orden en los pueblos del norte (senones y parisii).

Mapa de Gergovia

Vercingétorix le siguió de cerca, hostigándolo y evitando el enfrentamiento directo, manteniendo su táctica habitual. César marchaba siguiendo el curso del río Allier, mientras Vercingétorix le seguía del otro margen del río adelantándose y destruyendo los puentes, retrasando así a César que necesitaba cruzar el río para dirigirse a Gergovia.

Cansado, César decidió engañar a Vercingétorix. En vez de continuar la marcha con todo el grueso del ejército, dejó dos legiones escondidas y las otras 4 marcharon normalmente. Vercingétorix, como era habitual, continuaba apantallándolo y destruyendo cualquier puente. Cuando se alejó, César construyó rápidamente un puente improvisado y cruzó el río con esas dos legiones, evitando así ser atacado por los galos que habían seguido a las otras cuatro. Para cuando el jefe galo se dio cuenta, César había dado orden a aquellas cuatro legiones de que volviesen y cruzasen por el nuevo puente que estaba ya bien custodiado. Vercingétorix fue burlado por el genio de César, y se dirigió rápidamente a defender Gergovia.

La ciudad de Gergovia se hallaba en una colina y Vercingétorix situó su ejército en las laderas alrededor de la misma ciudad. César dispuso acampar cerca sus tropas, pero un asalto frontal era imposible. Tampoco tenía tiempo ni disponía de provisiones para un largo asedio. Las provisiones que los eduos, pueblo aliado de los romanos, debían enviar no llegaban aún. Después de pequeñas escaramuzas, César tomó una colina cercana a la ciudad y la fortificó con dos legiones, amenazando desde allí las provisiones de la ciudad.

Mientras tanto, ciertos líderes eduos urdieron lo siguiente: engañaron al tren de provisiones eduo que estaba esperando César. Dijeron a los responsables del tren que los romanos estaban en su contra y, falsamente, que César había ordenado matar a varios eduos aliados en su ejército. Indignados, los eduos pasaron por las armas a algunos romanos del convoy. Enterado de esto, César se dirigió a interceptar el convoy con la caballería de los eduos y cuatro legiones (dejando sólo dos en Gergovia) y tranquilizar a los eduos mostrándoles que aún eran aliados. Los eduos se arrepintieron, pero los conspiradores lograron huir y enviaron mensajes similares sobre ruptura de alianza al mismísimo país de los eduos. César, a su vez, también envió emisarios allí, tranquilizándolos.

Durante su ausencia, Vercingétorix ordenó un ataque que pudo ser sostenido a duras penas por Cayo Fabio, que había quedado al mando de las dos legiones. Enterado de lo sucedido, César volvió a marchas forzadas a Gergovia, exigiendo al máximo a las ya veteranas tropas. Allí reconoce la difícil situación. Tomar la ciudad por asalto era casi imposible y sería muy costoso en hombres, pero retirarse le haría ser visto como débil, y más tribus se pasarían al bando rebelde. Decidió entonces marcharse para unirse con Labieno y sus legiones pero, para no quedar mal, planeó una pequeña victoria, aunque no contundente, para mantener así las apariencias.

Su plan fue el siguiente: notó una sección mal defendida y otra fuertemente defendida. De noche envió jinetes contra el sector bien defendido, con la orden de hacer el mayor ruido posible para que parecieran ser más en número, incluso dejó cerca una legión. Mientras tanto, mandó a parte de sus legionarios para que, en silencio, se dirigiesen contra el sector débil y esperasen la orden. El silencio y la sorpresa eran claves. Una vez listos se dio la orden de atacar por el lado débil. Los legionarios avanzaron por la ladera sorprendiendo a los galos acampados frente a la ciudad. Después de rebasarlos llegaron a los  muros de Gergovia.

La sorpresa fue total y la victoria, inminente. Los galos de la ciudad pedían desde la muralla piedad a los romanos. Según César, lo logrado era suficiente ya que tomarla por asalto sería costosísimo, por lo que dio orden de cancelar el ataque y volver. Sin embargo, los legionarios embriagados por la victoria continuaron luchando en la muralla, excitados por la sed de victoria y por el potencial botín. Los centuriones mientras tanto, hacían lo posible por contenerlos y retroceder ante el fuerte contraataque de los galos. Vercingétorix, a estas alturas enterado, envió refuerzos a toda prisa.

Los legionarios comenzaron a cansarse y llegaron al límite de sus fuerzas para cuando llegaron los refuerzos de Vercingétorix. El pánico fue total cuando los aliados eduos llegaron para ayudar a los romanos pero, en la confusión, estos los tomaron como enemigos, y al verse rebasados y rodeados comenzaron a desbandarse. César intentó proteger la retirada con la X y la XIII legión y evitar que sus tropas fueran masacradas mientras huían. Según César, murieron 700 hombres, de los cuales 46 eran centuriones, lo que refleja el sacrificio que estos hicieron por poner a salvo a sus hombres. Al día siguiente les explicó a las tropas derrotadas lo sucedido por haber desobedecido.

Sin más nada que hacer, César se retiró al país de los eduos. La noticia de la derrota se propagó como reguero de pólvora por toda la Galia. Muchas tribus comenzaron a rebelarse, entre ellos los propios eduos, su principal aliado. Los eduos asesinaron a los destacamentos romanos en su país. Éste fue un golpe fortísimo a las líneas de provisiones de César. Para colmo, ya no podía confiar en las tropas aliadas de los eduos en su ejército, por lo que los licenció, sabiendo que seguramente les enfrentaría el futuro. Eliminarlos no sería honroso y mancharía su imagen en la Galia y en Roma.

Viene de Julio César y la decisiva campaña del año 52 a.C. (I) – Se gesta la rebelión

Sigue en Julio César y la decisiva campaña del año 52 a.C. (III) – Alesia

  1. Pablo García Sánchez says:

    Siento tener que pedir disculpas, la cuarta imagen se ha colado por error. Es una ilustración de las campañas dacias de Trajano, obviamente no tienen nada que ver con la camapaña de Julio César, disculpen el error.
    Un saludo

  2. Guido says:

    Muy bien hecho! Estoy leendo un libre de Coleen McCullogh, y esta descripción fue un complemento genial! Muchas gracias al autor

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