Las  bases del desarrollo del arte religioso ruso fueron plantadas a mitad del siglo X. Bautizada en Constantinopla, la santa princesa Olga hizo construir iglesias en Kiev,  Pskov y Vitebsk. Desde entonces se difundió con fuerza por las tierras rusas la devoción a la Virgen, fue esa fuerza la que promovió la formación de un arte religioso que supiera elevar el icono a la imagen divina.

Sin embargo, una vez muerta Olga, la oposición pagana impidió una propagación de la ortodoxia. Se detuvo la construcción de iglesias, pero no se interrumpió la tradición iconográfica: los cristianos en Rusia siguieron conservando sus iconos. El mismo príncipe Vladimir (nieto de santa Olga) cuando aún era pagano, se mostró sensible al lenguaje de la pintura bizantina. Ya bautizado, el príncipe Vladimir confesó abiertamente la necesidad de adorar los iconos, ya que comprendió la importancia y el significado sacramental de la pintura sagrada.

Muestra de su gran interés por los iconos, fue que al trasladarse de Korsun a Kiev, el príncipe Vladimir se llevó consigo algunos objetos litúrgicos e iconos para bendecir. Esto se debe a que el príncipe san Vladimir concedía gran importancia a la construcción de iglesias, que consideraba parte de su misión, y cuidaba su decoración con iconos.

La iconografía de los santos rusos comienza con las representaciones de los santos príncipes Boris y Gleb. Ya en el siglo XI se forma una tradición iconográfica que busca reflejar con colores  los rostros iluminados por la gracia cristiana. Encontramos en la segunda mitad del siglo XI los primeros iconos  de los fundadores del monaquismo en Rusia: los santos Antonij y Feodosij. El siglo XI se caracteriza por una gran actividad constructiva. Se erigen iglesias en gran número de ciudades bajo la dirección de dos grupos de maestros bizantinos en torno a los cuales se aglutina paulatinamente un grupo de alumnos rusos.

El centro para una segura asimilación de los principios del arte hierático fue el monasterio Kievo-Pecerskij. Aquí surgió por vez primera en Rusia una escuela de original experiencia espiritual, que tendía a la divinización de la esencia humana representada.[1]

En la mentalidad del pueblo ruso, un icono es aquel concedido por lo alto, el “aparecido”, el que hace milagros. En la Iglesia ortodoxa rusa tienen una destacada importancia los iconos “aparecidos”. El de mayor importancia es el de la Virgen Vladimirskaja, guía del ordenamiento del Estado y de la Iglesia rusa. Todo acontecimiento de importancia en la vida del Estado es relacionado con una intervención suya.

No cabe duda de que el icono es de origen griego, pero no se conoce el nombre del artista que lo realizó. Cuenta la tradición que el icono fue pintado sobre la superficie de una tabla que había pertenecido a la sagrada familia, por el mismísimo evangelista San Lucas. En el año 1131 el icono fue enviado desde Constantinopla al príncipe Mstisslav, y permaneció inicialmente en el monasterio de Djevicij, en Vishgorod (cerca de Kiev).

La tradición sostiene que la Madre de Dios concedió muchos favores extraordinarios a los fieles que vinieron ante ella a orar con fe, y pronto se convirtió en objeto de intensa devoción. A partir de entonces, el icono estuvo tan íntimamente conectado con la vida del pueblo ruso que las crónicas registraron fielmente cada vez que se movió de un lugar a otro. De hecho, no existe ningún gran acontecimiento en la historia de Rusia desde el siglo XII hasta el XVII en el que el icono de la Madre de Dios de Vladimir no jugó su parte vital.

El icono fue posteriormente trasladado por el príncipe Andrej Bogoljubskij a Vladimir, nuevo centro político y religioso del Estado de entonces, y en el 1160 lo colocó en la Catedral de la Asunción que había hecho construir para tal fin. La ciudad de Vladimir (de la que el icono toma su nombre) se encuentra en el río Klyazma, unos 100 kilómetros al este de la ciudad de Moscú, siendo una de las ciudades más antiguas de Rusia. Vladimir es también el nombre del primer gran príncipe de Kiev, que abrazó el cristianismo en el siglo X.

En el 1164 el príncipe Andrej Bogoljubskij llevó el icono a la cabeza de sus ejércitos cuando marchó contra los búlgaros en el Volga (que estaban en ese momento entrando en Europa, por delante de los tártaros). También fue quien le dio al icono su cubierta de oro, plata y piedras preciosas. Posteriormente el icono llegó a salvarse milagrosamente hasta en dos ocasiones, donde estuvo a punto de producirse su destrucción: en 1185 salió indemne del incendio de la catedral, y quedó intacto cuando en el año 1237, Baty (jefe de los guerreros mongoles) saqueó la ciudad y no osó tocarla, llevándose únicamente su cobertura preciosa de metal.[2]

En el año 1250 aproximadamente, el sur de Rusia (lo que hoy es Ucrania) fue invadido por lo que se llama “La Horda de Oro”, que era en realidad un  reconocimiento por parte de algunos elementos del ejército de Genghis Khan, bajo la dirección de Subodai. Esta “Horda de Oro” era de raza tártara. Los tártaros tomaron y quemaron Kiev en el 1240, por lo que después de esto la ciudad de Vladimir se convirtió durante algún tiempo en uno de los principales centros culturales de Rusia, junto con Novgorod. De hecho, fue la destrucción de Ucrania por Subodai lo que hizo posible que Rusia creciese.[3]

Las invasiones del este de Europa continuaron a lo largo del tiempo, y en el año 1395 el jefe tártaro Tamerlán (que ya había destruido varias ciudades en el sur de Rusia) se acercaba imparable a Moscú con sus poderosas fuerzas. Con un profundo espíritu de fe, el gran duque Basilio I había traído el icono de la Virgen desde Vladimir a Moscú en la fiesta de la Asunción y lo colocó en la Catedral en el Kremlin, construida en honor de esa fiesta. Al llegar a las cercanías de Moscú el khan Tamerlán tuvo una visión: se le apareció una gran mujer envuelta en resplandores y le ordenó que abandonara Rusia. Tras esta visión, Tamerlán detuvo a sus ejércitos y se retiró, lográndose así salvar la ciudad de Moscú. Desde aquel momento en adelante, la imagen se ​​conservaría en Moscú, la nueva capital del entonces Principado de Moscú.

Otra milagrosa intervención del icono fue registrada durante la invasión del khan Akhmat en 1480, aquel año se convirtió en una fecha histórica porque supuso el fin de la dependencia del principado moscovita de la Horda de Oro. La tercera festividad dedicada  al icono está ligada a la liberación de Moscú del ejército del khan Mahmet-Ghirej en 1521.

La ciudad se conservó y como muestra de agradecimiento por su liberación en tres ocasiones, una fiesta en honor de la Madre de Dios de Vladimir fue designada para ser celebrada en los días del 21 de mayo, 23 de junio y 26 de agosto. En estos días, el icono era llevado en procesión al convento de la Presentación en Moscú.

Durante los siglos siguientes, cada vez que la ciudad estaba amenazada por los ejércitos extranjeros  los moscovitas recurrían fieles a su Madre Protectora. El 2 de septiembre de 1812, en vísperas de la ocupación de Moscú por las tropas napoleónicas, el icono volvió  temporalmente a Vladimir. Sin embargo, el 20 de octubre regresó a Moscú a su lugar habitual, en el lado izquierdo del iconostasio de la catedral de la Asunción en el Kremlin.

Con el tiempo el icono de Vladimir adquirió tanta importancia en la vida religiosa del pueblo ruso, que poco a poco todas las grandes ceremonias se desarrollarían ante este icono, como era el caso de la coronación y el matrimonio de los zares. También durante la elección y consagración de los Patriarcas, el icono era testigo y daba su bendición.[4]

En presencia de este icono tuvieron lugar importantes acontecimientos de la Iglesia rusa: la elección y entronización del metropolitano Iona, primer jefe de la Iglesia autocéfala ortodoxa rusa (1448); del venerable Job, primer patriarca de toda Rusia (1589); o del patriarca Tikhon, el primero en el período del patriarcado reconstituido (1917).[5]

En 1917 estalló la Revolución Rusa. En 1919 los comunistas entonces en el control del gobierno, robaron la preciosa cubierta, y tomaron el Icono de la Catedral de la Asunción y lo colgaron en la Galería Tretyakov, un museo de pintura rusa, que se encuentra muy cerca del Kremlin. Poco después, la Catedral fue cerrada, y más tarde se convirtió en un museo. Esta transferencia del más amado icono de Rusia de una Iglesia a un museo simboliza la secularización total de la vida pública y la propaganda atea que el comunismo implantó en Rusia.[6]

Extracto del artículo El icono de la Virgen de Vladimir  de Pablo García Sánchez.

Si te gustó, te puede interesar La Inmaculada Concepción Patrona de la Infantería Española – El Milagro de Empel

[1] Ivanov, Vladimir Nikolaevich. El gran libro de los iconos rusos. Traducción de Ezequiel Varona Valdivielso. Madrid: Paulinas, 1990, págs.19- 20.

[2] Rambla, Alberto María. Dios muestra su rostro de madre. El icono de la Madre de Dios de la ternura, la Madre de Dios de Vladimir. Alicante: Fraternidad Monástica de la Paz, 1996, pág. 16.

[3] The history of the icon The Vladimir Mother of God. Disponible en: https://www.ewtn.com/library/ANSWERS/HISTICON.HTM [consultado el 25.1.2017].

[4] Ibíd., pág. 19.

[5] Ivanov, Vladimir Nikolaevich, ob. cit., pág. 22.

[6]Our Lady of Vladimir. Disponible en: https://udayton.edu/imri/mary/o/our-lady-of-vladimir.php [consultado el 25.1.2017].

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.