Parece que el primer encuentro entre tropas “occidentales”, salvemos las distancias, y los elefantes de guerra, tuvo lugar en el año 326 a.C. En aquel momento, tras haber recorrido todo el oriente conocido y buena parte del desconocido y tras haber derrotado contundentemente el otrora poderosísimo Imperio persa, Alejandro Magno, rey de Macedonia, se hallaba a las puertas de la India. En aquel momento, su oponente era un gobernante poderoso, el rey Poros, con quien trabó batalla junto al río Hidaspes.

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Es tentador pensar en la sorpresa que pudieron sufrir los soldados y los oficiales macedonios cuando vieron aparecer, ante ellos, los doscientos elefantes de guerra que desplegaba este rey indio, sin embargo, es poco probable que este arma los pillara desprevenidos, ya que no era en absoluto un secreto, y sin duda Alejandro había hecho todo lo posible para averiguar cómo era el enemigo al que iba a enfrentarse. Según las fuentes, el Ejército macedonio utilizó dos tácticas concretas para enfrentarse a los mastodontes enemigos.

Por un lado, parece que Alejandro ordenó construir una muralla con todos los objetos de bronce que traía su ejército, debidamente calentados hasta ponerse al rojo vivo, de modo que los elefantes los confundieran con soldados enemigos, cargaran contra ellos, se quemaran y retrocedieran espantados. Esta historia, más legendaria que real, dejaría claro el conocimiento previo de la situación a la que se enfrentaban, pero no resulta excesivamente verosímil. Por otro, los macedonios habrían empleado su arma básica de infantería, la sarisa, una pica muy larga, para abatir a los mahouts, los “conductores” de los elefantes, y herir a las bestias, de modo que se volvieran contra quienes las habían enviado al combate. Menos glamurosa pero más verosímil, la victoria final de Alejandro en la batalla del Hidaspes es un claro indicativo de que el elefante no iba a ser el arma de la victoria de la antigüedad, aunque su uso iba a popularizarse mucho.

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Sin embargo, tal y como nos cuenta la investigadora de Stanford Adrienne Mayor, el método más original empleado por Alejandro en posteriores batallas no fue ninguno de los citados sino que, mientras descendía hacia el índico, y asesorado por el propio rey Poros, quien tras su derrota había efectuado un elegante cambio de bando, decidió utilizar cerdos para deshacerse de los paquidermos enemigos. No vamos a entrar en los tópicos de la época relativos a la finura de los elefantes, de los que se decía que eran incluso capaces de apreciar la belleza de una mujer, sino que profundizaremos en su extraña fobia por los cerdos.

Los sucesores de Alejandro Magno, los diádocos, incorporaron los elefantes a sus ejércitos, y así fue como el arma llegaría a occidente, siendo empleada por cartagineses y epirotas en sus guerras contra Roma. Precisamente, parece que también la gran urbe latina decidió utilizar cerdos contra elefantes; en este caso contra Pirro, quien a la sazón recorría Italia obteniendo victorias de altísimo precio que, al final, se convertirían en la causa de su derrota. Fue durante uno de los encontronazos entre ambos contendientes cuando los romanos decidieron utilizar cerdos, o más bien su gruñido, esta vez acompañados por carneros con cuernos, para ofender a los delicados elefantes. Sin duda la escena, con ambos grupos de animales corriendo uno hacia el otro, debió de ser digna del show de Benny Hill.

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Otro uso de los cerdos contra los paquidermos está datado en torno al 270 a. C., cuando Antígono Gónatas asediaba la ciudad de Mégara con un ejército en el que, como buen descendente de los generales macedonios de Alejandro, había, por supuesto, elefantes. En esta ocasión fueron los defensores los que utilizaron la táctica del suido, eso sí, con un plus: untar sus lomos de brea y prenderles fuego antes de lanzarlos contra las posiciones de los sitiadores. Sin duda fue una táctica cruel, pero contundente. Ya no se trataba tan solo de los chillidos de los cerdos, en este caso además de dolor, sino también del fuego y del humo; y el asedio quedó roto de inmediato.

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Llama la atención que los elefantes siguieran empleándose hasta fechas tan recientes como el siglo VI d. C., pero parece que así fue. Reinaba entonces en Persia el rey Cosroes, y en el Imperio romano, de oriente, el emperador Justiniano I; y el premio era la asediada ciudad de Edesa, con un montón de romanos dentro y de persas fuera. Entonces, Cosroes decidió engalanar al más grande de sus elefantes con sus mejores soldados y lanzarlo contra las murallas (sin duda con el apoyo de una parte importante de su ejército), y parece que casi logró atravesarlas, hasta que un ingeniero romano recordó la vieja historia de los cerdos y decidió colgar uno, vivito y coleando, de la muralla, justo delante del paquidermo. ¿Parece broma? El chiste no es mío: “mientras el cerdo permanecía allí colgado, dio naturalmente salida a diversos gruñidos, lo que enfureció al elefante hasta el punto de ponerlo fuera de control”. La frase es del historiador Procopio de Cesarea.

  1. Pavía says:

    Creo recordar que los Mongoles en la India usaban profusamente los paquidermos, hasta ya entrada la época de la pólvora y el cañón.

    • David Jiménez says:

      Sí, de acuerdo contigo. Por ejemplo en la batalla de Panipat, en 1526, contra los afganos. Allí hubo elefantes. Pero el nombre correcto de este pueblo sería Mogol, no Mongol.

      Por otro lado…. ¿No se enfrentó antes Alejandro a elefantes en Gaugamela? Me suena incluso que en las anteriores guerras de persas vs griegos, aquellos ya llevaban elefantes consigo para combatir.

      Tampoco podemos olvidar los posteriores elefantes cartagineses.

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