Unos 200 años después de la batalla de Megiddo tuvo lugar otra de las grandes batallas de la Edad del Bronce de la que nos han llegado datos realmente sorprendentes por su analogía con los ejércitos modernos.

En el año 1274 a.C, el Faraón de Egipto Ramsés II realizó una campaña similar, en territorio de la actual Siria, contra la ciudad de Kadesh, sobre el río Orontes, y contra el rey de los hititas, que se había trasladado a aquella zona desde Asia Menor con un ejército de unos 17.000 hombres. Con el suyo de 20.000 hombres, Ramsés avanzó hasta Kadesh en una marcha asombrosamente rápida en la que apenas tardó un mes.

Su propósito estratégico era acabar con las intromisiones hititas en la esfera de influencia egipcia en Siria, atancado a una gran distancia de sus bases en Egipto para derrotar y destruir en campaña a la fuerza principal del enemigo.

Llegó a menos de 24km de Kadesh, donde ocupó una colina que daba sobre la ciudad cerca de Shabtuna, acampó allí por la noche y salió a la mañana siguiente con la esperanza, acaso, de ocupar la ciudad al caer el día. El ejército egipcio se dividió en cuatro divisiones de 5.000 hombres cada una, cuyos nombres eran los de los dioses Amón, Ra, Ptah y Sutekh, formadas por carros, arqueros, lanceros y hombres armados con hachas.

Ramsés cruzó el Orontes cerca de Shabtuna, momento en el que fueron llevados al faraón dos «desertores» hititas que manifestaron que el enemigo aún estaba muy lejos y que Kadesh estaba a su suerte. En realidad se trataba de dos espías enviados por el rey hititia Muwatallis. Al conocer esta información, Ramsés hizo avanzar a su guardia peronal para establecer un campamento al noroeste de la ciudad, mientras él lo hacía con su ejército desde el sur en una línea de columna de varios kilómetros de longitud.

Estando Ramsés en su campamento, sentado en un trono de oro a la espera de la llegada de su ejército, dos exploradores enemigos capturados revelaron bajo tortura que al este de Kadesh se ocultaba una gran fuerza hitita. En este punto, la división de Ra se había aproximado desde detrás hasta situarse cerca del lado suroccidental de Kadesh. Antes de que Ramsés se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, los hititas cruzaron el Orontes desde el sureste y atacaron el flanco descubierto de la división de Ra con sus carros, que eran más pesados que los egipcios, y llevaban tres hombres en lugar de dos.

La división de Ra, presa del pánico, se dispersó y huyó hacia la división de Amón que, como resultado, parece ser que también entró en confusión y en una incipiente huida. En esta situación, según la descripción egipcia, Ramsés montó en su carro y se precitpió contra el grueso del enemigo. Rodeado de 2.500 carros enemigos, él solo, sin ayuda alguna, derrotó a los hititas. En realidad, aunque esta proeza se rechaza considerándola una pura fábula de «guerrero fanfarrón», es probable que Ramsés lograra finalmente agrupar a sus fuerzas, haciendo una asombrosa exhibición de bravura personal en el campo de batalla.

Los carros de guerra hititas, más pesados, debieron encontrar dificultad en la persecución, y las fuerzas de Ramsés, con sus carros más ligeros, escaparían en parte a los devastadores efectos del ataque hitita. Por su mayor maniobrabilidad, seguramente lograron reagruparse más fácilmente de lo que los hititas esperaban. Al menos, hubo algunas tropas hititas que empezaron a saquear el campamento egipcio, pero la llegada en el último instante de las tropas mercenarias del faráon, que estaban en la costa y que habían sido llamadas con anterioridad, tomaron a los hititas por sorpresa. Esto permitió a Ramsés reagrupar las divisiones de Amón y Ra y rechazar a los hititas, que volvieron a cruzar el Orontes por el norte de la ciudad.

Al anochecer, llegó desde el sur la división de Ptah, y los hititas decidieron refugiarse en Kadesh buscando protección tras sus baluartes. La división de Sutekh no apareció a tiempo para participar en la batalla. En estas circunstancias, Ramsés, hallándose tan alejado de sus bases, no se sintió suficientemente motivado como para asediar a tan poderoso ejército tras semejantes murallas, por lo que retiró a su ejército y aceptó una derrota estratégica, o por lo menos, una situación de punto muerto, a pesar de su éxito táctico, lo que condjo a una posterior negociación entre Egipto y los Hititas que terminaría en un pacto de no agresión.

Viene de Batallas de la Edad del Bronce (I) – Megiddo

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